La Copa del Rey sirve, y mucho, aunque a simple vista cueste verlo. Siempre y cuando se afronte de manera adecuada, con actitud, con hambre y con la ilusión de verlo como una oportunidad de observar sobre el césped si una plantilla goza de buena salud o ese estado de euforia queda reservado para los que suelen partir de inicio en los partidos. Y la del Real Zaragoza es más que óptima.
El técnico del Real Zaragoza, Ibai Gómez, apostaba por un once repleto de futbolistas que han contado con menos minutos hasta el momento durante la temporada. No suplentes, porque todos o casi todos han tenido sus momentos, pero sí menos habituales. Al contrario de otras ediciones, el conjunto blanquillo saltó al césped del Tudelano dispuesto a complicar a su entrenador la confección de los onces ligueros. El 0-4 antes del descanso evidenciaba la utilidad de este partido.
Fue la noche de las reivindicaciones, bien entendidas. Por ejemplo la de Pau Sans con un doblete, uno de ellos un golazo desde fuera del área, o de Joaquín Delgado con su primer tanto como zaragocista. También Hugo Pinilla quería dedicar un tanto al cielo y lo hacía con un disparo que se colaba por toda la escuadra. Sin anotar, pero también fue bueno o muy bueno el rendimiento de Cuenca, Saidu o Monzón, además de ver a jugadores del Deportivo Aragón como Ratón, Tobajas, Laken y Lalo.
No era sencillo teniendo en cuenta que la mente de la mayoría está puesta en este sábado, cuando el Real Zaragoza recibe en el Ibercaja Estadio a las 21.00 horas al filial del Villarreal con el liderato en juego. El equipo ya espera rival para la segunda ronda, muy probablemente un Segunda División, y cierra mientras tanto el debate de si la Copa es un torneo "que sobra" o no.

