El Partido Popular ha llegado a un acuerdo con Vox que unos diarios tachan de inédito y otros de defensivo para optimizar los escaños del Senado y conservar el control de la Cámara e, incluso, aunque es improbable alcanzar una mayoría de 3/5 que les permite renovar a cuatro magistrados del Constitucional sin que sea necesario el concurso de la izquierda.
Como esta mañana viene Alberto Núñez Feijóo al programa y hablaremos de esto, trataremos de explicarles en qué consiste el acuerdo y cuáles son la razones para suscribirlo y los riesgos, que los hay, que asume el Partido Popular.
Primero la mecánica: como el sistema de elección del Senado hace prácticamente que el que queda tercero en una circunscripción consiga un escaño. De manera que los votos del tercero se consideran, por así decirlo, votos perdidos.
En virtud de este acuerdo. Vox se retira de 6 provincias donde es improbable que vaya a conseguir un senador y el PP lo hace de 3 donde nunca lo ha conseguido. En esas circunscripciones, se confía en concentrar el voto. Nada lo garantiza pero ambos partidos confían en la capacidad movilizadora del antisanchismo para que quien tenía pensado votar a otro partido se conforme con el mal menor. En otras 14 Vox solo presentará un candidato.
Lo que pretende el PP y de ahí, que muchos califiquen, el pacto de defensivo es evitar que el bloque de la izquierda, con el PSOE y Frente amplio, acudiendo en coalición, les quite la mayoría absoluta. Las proyecciones dicen que eso ocurriría y sin embargo la concentración del voto en la derecha situaría al PP entre 143 y los 153, es decir, no solo en condiciones de garantizar la mayoría absoluta sino incluso de aspirar, aunque sea remotamente, a una mayoría reforzada para renovar el Constitucional y hacer y deshacer.
Ahora les explico los riesgos operativos y también el riesgo moral de esta operación. El riesgo operativo es que la gente no se toma demasiado en serio el voto al Senado, son listas abiertas, no es meter la papeleta en la urna y en algunas provincias confían en que marquen una x aquí y dos allá. Luego el llamémosle riesgo moral.
Puede que esto disuada a votantes del PP que no están dispuestos a votar a una fuerza extremista como Vox o a votantes de Vox a lo que le repelen los moderaditos del PP. Y esto puede tener su efecto en el voto al Congreso, que es lo que de verdad importa, porque es quien decide quién el presidente. En Génova no temen tanto a la desmovilización del millón de votos del PSOE que ahora optaría por el PP como a la movilización de la izquierda, que acuda otra vez al reclamo del voto del miedo.
Claro que en las pasadas elecciones, Alberto Núñez Feijóo prometía no incluir a Vox en su gobierno y en estas elecciones nadie duda de que Feijóo pactará un gobierno de coalición con Vox si da la suma y que no hay otra alternativa a ese acuerdo.
El acuerdo no supone una disolución como la del PSOE y el Frente Amplio; y eso introduce una dificultad técnica.
Lo del Senado es solo la certificación de que en España ha quedado arrasada la centralidad, que no es un partido, que no es un programa, que no es ideario: es la posibilidad de alcanzar acuerdos entre izquierda y derecha. Esta es la culminación de una deriva iniciada cuando Pedro Sánchez impuso a las bases del PSOE su algoritmo político: No es no. Una fórmula sencilla no es no, que ha terminado por consolidar la política de bloques en España. Los partidos de Gobierno ya solo miran a sus extremos para gobernar. En el caso de Sánchez, a sus extremos y si hace falta mirar a la derecha e incluir a Junts, pues se hace.
Hay otro riesgo moral para el PP y es el mensaje que envía a sus electores de Tarragona, Gerona. y Guipúzcoa, que es donde no se presenta. El caso de las dos provincias catalanas puede enviar el mensaje de que el PP ya no es la referencia antinacionalista en Cataluña. No es una cuestión menor… y en cuanto a Guipúzcoa, es simbólicamente más dolorosa, por cuanto es la circunscripción de Gregorio Ordoñez.
¿El acuerdo es inédito? Lo es. El PP nunca había llegado con Vox a un acuerdo preelectoral de esta naturaleza. Otros periódicos lo consideran defensivo, porque es verdad que quien dio el primer paso para concurrir en bloque fue Sánchez, sabiendo que hay una parte del electorado de la derecha que no le perdonaría al PP que no hiciera todo lo que está en su mano para derrotar a alguien que juega tan fuerte y que si ve al PP flojear no dudará en irse a Vox. La estrategia de Sánchez consiste en nutrir todo lo que pueda a Vox.
No hay nada más hipócrita que su alerta antifascista, porque no es genuina, si un genio salido de una botella le ofreciera el sorpasso de Vox al PP sería el más feliz de los aladinos.
En la mediodía de ayer ya tenía su vídeo preparado para recibir a porta gayola el acuerdo.
Ahora bien, la respuesta ha provocado un debate en los órganos del PP, porque hay quien considera que el partido está comprometiendo en el envite más de lo que puede ganar. La mayoría reforzada es muy improbable y al fin y al cabo el Senado, dicen, no es tan importante como para mantener a crédito su mayoría absoluta allí.

