La escritora Dolores Redondo visita los micrófonos de Más de uno para hablar de 'Todas las noches, todas las ciudades', una novela que se integra en el universo literario de 'Los Valles Tranquilos' junto a' Esperando al diluvio' y 'Las que no duermen NASH'. La autora aborda con Carlos Alsina el proceso creativo, la relación entre los escritores y sus personajes y las preguntas sobre la identidad que atraviesan la obra.
Alsina reconoce al comienzo de la entrevista que todavía le quedan 60 páginas por leer y teme que la conversación desvele algún detalle importante de la trama. Redondo le tranquiliza: "Cada palabra está medida" para orientar al lector sin estropear "ni un poquito la sorpresa y el goce que tiene que ser siempre leer".
"A un escritor le nace la novela en algún lugar muy profundo"
Redondo distingue entre quienes escriben a partir de las tendencias del mercado y quienes sienten una necesidad íntima de contar una historia. "A un escritor le nace la novela en algún lugar muy profundo y siente un impulso, una pulsión, una necesidad absoluta de contar eso que tiene ahí", explica.
La autora recurre al ejemplo de Fernando Aramburu, que, después del éxito de 'Patria', publicó 'Los vencejos', una novela muy diferente de la que muchos lectores esperaban. Para Redondo, las historias tienen sus propios tiempos: a veces una idea debe esperar hasta que alcanza la madurez necesaria para convertirse en libro.
La escritora también explica que 'Todas las noches, todas las ciudades' forma parte del universo de 'Los Valles Tranquilos', aunque no constituye una serie que obligue a leer las obras en un orden determinado. En esta ocasión, conduce al lector hacia un territorio más oscuro y desconcertante.
Un escritor atrapado en la ciudad de su propia ficción
La novela presenta a Benedict Neuman, un escritor de enorme éxito que despierta en un hospital y cree encontrarse en la ciudad ficticia de sus propias historias. Mientras tanto, la policía investiga un crimen que guarda semejanzas con su última novela.
Durante un interrogatorio, la mente del protagonista se quiebra y comienza a comportarse como el detective que él mismo creó. El personaje termina aceptando el encargo de investigar el caso, lo que da lugar a un juego metaliterario en el que una criatura de ficción se enfrenta a un misterio relacionado con la obra de su creador.
Redondo destaca el contraste entre ese detective clásico, inspirado en los personajes de la novela negra tradicional, y una época en la que su seguridad, su actitud y su código moral resultan chocantes. La autora disfruta especialmente de ese choque entre épocas y de la dimensión cómica que aporta a la historia.
Los escenarios también desempeñan un papel esencial. El Baztán, San Sebastián y Bilbao forman parte de un territorio reconocible para los lectores de Redondo, aunque la escritora opta esta vez por sumergirlos en un ambiente de oscuridad y desorientación, en consonancia con la experiencia del protagonista.
Los personajes que colonizan la mente de sus creadores
Uno de los temas centrales de la conversación es la influencia que los personajes ejercen sobre quienes los escriben. Redondo invierte la pregunta habitual sobre cuánto hay de un autor en sus criaturas y plantea otra: cuánto permanece de cada personaje en la mente de quien lo ha creado.
La escritora explica que algunos personajes introducen pequeños cambios en su manera de ver el mundo, mientras que otros dejan una huella mucho más profunda. Para ilustrarlo, recuerda una experiencia personal: en una ocasión tuvo un pensamiento que sintió como ajeno y comprendió que correspondía a uno de sus personajes. Aquella vivencia la llevó a investigar el fenómeno y a descubrir referencias similares en el mundo de la interpretación.
Redondo compara la escritura de novela negra con una invocación de recuerdos y emociones que no siempre resultan fáciles de manejar. "Lo que hacemos para escribir novela negra, sobre todo, es convocar a nuestros propios fantasmas del pasado", afirma. Y añade: "Realizamos el exorcismo que supone escribir. A veces te curas en el proceso de escribir, pero otras veces no".
La autora también recuerda una reflexión de Miguel Delibes sobre las entidades que colonizan la mente de los escritores durante el proceso creativo. Algunas desaparecen al terminar la obra; otras, en cambio, permanecen.
La identidad y la documentación médica detrás de la novela
La situación del protagonista plantea una pregunta decisiva: ¿Finge lo que le ocurre o experimenta una alteración de su identidad? Redondo aborda esta cuestión a través de la documentación y el asesoramiento de especialistas.
Durante la entrevista, la escritora explica que el trastorno de identidad disociativa, conocido anteriormente por expresiones como "doble personalidad" o "personalidad múltiple", presenta dificultades de diagnóstico. También relata cómo consultó a neurólogos para construir de forma verosímil la evolución clínica del personaje y las pruebas que podría afrontar en un hospital.
Redondo describe ese trabajo como un aprendizaje compartido: planteaba a los especialistas la situación del paciente y ellos le explicaban qué pruebas solicitarían y cómo avanzarían en el proceso. La autora subraya la importancia de ese conocimiento prestado y agradece la colaboración de los profesionales que la asesoran en sus novelas.
La experiencia acumulada durante años de escritura también deja huella en su propia vida. Redondo recuerda todo lo que aprendió sobre el mundo policial al crear a Amaia Salazar: visitó comisarías, conoció calabozos y armeros y aprendió a disparar, aunque reconoce que las armas no despiertan un interés personal en ella.
Esa inmersión en la vida de sus personajes la lleva a plantearse una pregunta inquietante: "El día que a mí me falle la cabecita, ¿a quién diré que soy? ¿Diré: soy Dolores Redondo?". Después de tantos años viviendo en la piel de sus protagonistas, se pregunta si podría llegar a identificarse con Amaia Salazar.
El amor, los secretos y la verdad que cada uno conoce de sí mismo
La novela también explora cómo cambia nuestra identidad cuando descubrimos aspectos desconocidos del pasado de alguien a quien amamos. Alsina plantea qué sucedería si una persona cercana ocultara una historia vinculada a la violencia o a comportamientos que uno rechaza.
Redondo considera que la identidad propia se construye, en parte, a través de la de los padres, los hermanos, los amigos y las personas queridas. Por eso, descubrir una verdad inesperada sobre alguien cercano puede alterar también la forma en que uno se comprende a sí mismo.
La autora relaciona esta cuestión con la narración interna que cada persona construye sobre su propia vida: un relato íntimo que no necesita compartir públicamente, pero que debe sostenerse sobre la verdad. "Tú debes saber tu verdad, porque si construyes sobre unos cimientos de cartón piedra, en algún momento el gran edificio de esas mentiras se caerá, por más firme que creas que es", advierte.
Una nueva novela antes de terminar la promoción
Al final de la entrevista, Redondo explica cómo organiza su trabajo. Siempre comienza una nueva novela antes de terminar el proceso de publicación y promoción de la anterior. De ese modo, cuando acaba la gira y regresa a la soledad de la escritura, ya tiene una historia en marcha.
La autora reconoce que la promoción supone una experiencia de afecto y cercanía con los lectores, pero recuerda que después llega el momento de volver al ordenador o a la libreta. Por eso, procura dejar siempre un punto de partida al que regresar: "Yo siempre dejo la novela arrancada. Siempre tengo un puerto al que regresar".
Redondo confirma que ya ha empezado a trabajar en una nueva historia, aunque prefiere no adelantar detalles. Se despide de Alsina con un abrazo y deja abierta la puerta a otra novela que, como explica durante la conversación, encuentra su momento cuando llega la hora de contarla.

