El papel todo lo aguanta, pero hacer cumplir la futura ordenanza no parece que vaya a ser tan fácil como redactarla, según la asociación Stop Ruidos, desde donde subrayan que hay leyes sobre contaminación acústica que tienen más de veinte años y nunca se han cumplido. "No nos gustan las normas dedicadas a la apariencia. Aparentamos que hacemos algo con los problemas, caen encima veinte noticias y ahí queda en los cajones una norma que lleva una peregrinación muy difícil de seguir", subraya el portavoz de la asociación en Zaragoza, Miguel Morte.
"Vemos, paralelamente, otros problemas como el botellón, donde una ordenanza no resolvió nada", recuerda Morte. Para solucionar los problemas de los vecinos que conviven con el ocio nocturno y sufren la proliferación de terrazas desde el Covid, Stop Ruidos pide que más que intenciones haya auténtica voluntad. "Los problemas de civismo más fuertes de Zaragoza, a nuestra entender, están muy asociados al ocio en la calle y a la ocupación del espacio público de una forma excesiva y totalmente descontrolada", asegura.
Morte lamenta también las arbitrariedad de la respuesta policial dependiendo de quién denuncia. "Si los hosteleros de El Tubo se quejan por unos gamberros que montan ruido, resulta que la policía va a ir rápidamente a solucionarles el problema, pero cuando ese ruido lo denuncian los vecinos porque les revienta la vida en sus propias casas, hasta ahora la policía no ha ido y no lo ha impedido".
