Después de que el Gobierno de Zaragoza haya aprobado el expediente de contratación de dos de las tres obras previstas en la Plaza del Pilar, Ricardo Usón, el arquitecto encargado de la última reforma realizada en 1991, no comparte el actual proyecto ya que asegura que "lo que está detrás es un objetivo que puede tener un gran impacto negativo de cara al futuro, aumentar la explanada donde instalar montajes de todo orden para convertir la plaza en un parque de atracciones". Las propuestas que el arquitecto hizo al Ayuntamiento de Zaragoza de cara esta futura reforma fueron desestimadas "sin entrar en ningún tipo de argumentación".
Usón declara que "arquitectónicamente no se ha tenido en cuenta el carácter histórico de la plaza del Pilar". Considera que el aumento de las macroactividades vulnera la legislación de patrimonio porque "el uso constante de la plaza para este tipo de eventos termina afectando el patrimonio". Insiste en que "con toda esta operación se va a complicar más la vida a los habitantes de la zona".
Las obras en la Plaza del Pilar eran necesarias porque no se estaban realizando trabajos de reparación ni mantenimiento, según asegura Usón, "las fuentes y el mobiliario urbano está destrozado". Aun así, muestra su preocupación porque "el proyecto en sí no contempla la conservación, limpieza y reparación de los elementos deteriorados, lo que hace es deformar algunos monumentos sin respeto contra la memoria y la concepción".
