Un trekking volcánico de alta montaña, en una expedición que comienza cerca de la ciudad de Antigua, desde donde parten la mayoría de ascensiones al Acatenango, como las que organiza OX Expeditions. Allí los participantes se reúnen con los guías, revisan el equipo y se trasladan en vehículo hasta el inicio del trekking, situado a unos 2.400 metros de altura.
Según explicó Víctor Herranz, “todo empieza temprano en Antigua. Nos reunimos con los guías, revisamos el equipo y salimos en vehículo hacia el inicio del trekking”, donde también se reparte el agua antes de iniciar la subida.
El camino asciende primero entre campos agrícolas y después atraviesa un bosque de montaña denso. A medida que se gana altura, el paisaje cambia y aparece en el horizonte el Volcán de Fuego.
Herranz describió la jornada como “una experiencia muy emocionante, caminando durante horas por laderas volcánicas cada vez más salvajes”, en una travesía que exige esfuerzo físico constante.

Un campamento frente a un volcán en erupción
Tras varias horas de subida, el grupo alcanza el campamento de altura, situado a unos 3.600 metros. Desde allí se observa directamente la actividad del Volcán de Fuego.
El colaborador relató que “cuando cae la noche y te sientas frente a uno de los volcanes más activos de Centroamérica, ves cómo la lava y las explosiones iluminan la oscuridad cada pocos minutos”.
Durante la tarde también es posible realizar una caminata adicional hasta una cresta cercana que permite aproximarse al volcán activo, siempre respetando las distancias de seguridad.
La noche en el campamento transcurre con temperaturas bajas y con el sonido frecuente de las erupciones.
Herranz recordó que “cada cierto tiempo se escucha un estruendo profundo, como un trueno que surge desde dentro de la tierra y después se ven rocas incandescentes y lava iluminando el cielo”.

El amanecer desde la cima del Acatenango
La jornada final comienza de madrugada. A las cuatro de la mañana los montañeros inician el último tramo hacia la cima con linternas frontales.
La subida discurre por arena volcánica y con viento, pero culmina con una panorámica amplia de la cadena volcánica de Guatemala.
Desde lo alto se observan decenas de volcanes, un mar de nubes y el Volcán de Fuego aún activo frente al Acatenango.
Herranz lo resumió así: “cuando sale el sol, el paisaje volcánico se tiñe de rojo y naranja y el volcán sigue lanzando pequeñas explosiones. Es uno de los amaneceres más impresionantes que he visto en la montaña”.
El momento que más recuerda de la expedición fue la noche frente al volcán: “sin duda, con la noche en el campamento viendo al Volcán de Fuego entrar en erupción bajo un cielo lleno de estrellas”.
