El estrés, el cansancio o la ansiedad son síntomas reconocidos por personas que cuidan de un familiar o ser querido. A esta situación se añaden sentimientos como la soledad, la tristeza, el aislamiento así como la disminución de tiempo para el autocuidado y el ocio. Con una población cada vez más envejecida y un creciente aumento de la esperanza de vida, los cuidados se erigen como uno de los mayores retos sociales en la actualidad. En España hay oficialmente más de 104.000 cuidadores no profesionales de personas en situación de dependencia, según datos de junio de 2026 del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Sin embargo, el número real de familiares que cuidan a seres queridos es mucho mayor, ya que esta cifra solo recoge a las personas registradas en el sistema.
Por ello, la Fundación ”la Caixa” creó en 2018 la Escuela de Cuidadores cuyo objetivo es ofrecer acompañamiento y guía a personas que se encuentran en una situación sobrevenida de cuidados de un familiar. Hasta el momento, se han impulsado más de 2.800 talleres presenciales y online en los que han participado más de 11.000 personas en toda España. Una de ellas es Ana, quien desde hace años cuida a su madre, con demencia, y a su marido, con una discapacidad física. «Lo importante es que ahora estoy en paz conmigo misma», relata tras haber superado una época de angustia y soledad.
Andrés Losada, catedrático de Psicología Clínica en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y colaborador del programa de Personas Mayores de la Fundación ”la Caixa”, destaca conceptos que cobran especial relevancia en este contexto como el familismo, el duelo anticipado, la terapia de aceptación y compromiso o la soledad . «Las personas cuidadoras pueden llegar a perder facultades cognitivas o que su salud se deteriore y, si van perdiendo recursos y capacidad para hacer las cosas, se terminan agotando».

