Hoy es martes y lo que había planeado el Gobierno para esta época de precampaña era uno de esos martes sociales en los que el Consejo de Ministros aprobaba unas cuantas medidas muy amables y expansivas para colar en la Diputación Permanente.
Será un martes muy distinto a lo planeado en el que el protagonista será Óscar Puente, por partida doble: esta mediodía, tras el Consejo de Ministros presentará las ayudas destinadas a los afectados por la catástrofe, lo cual por diligentes que sean esas ayudas y por cuantiosas que sean económicamente siempre son la certificación de un fracaso, un paliativo de la tragedia.
De una Diputación Permanente en campaña a una Diputación Permanente en control de daños, sería el resumen.
Luego Óscar Puente comparecerá a petición propia en la Diputación Permanente para explicar las razones por las que no dimitió tras el accidente de Adamuz y por las que no dimite ahora, tras el accidente de Urda. Suponemos que también tratará de restablecer la confianza en la alta velocidad, pero probablemente estamos hablando de la persona menos adecuada para hacerlo.
Es difícil pensar en alguien que consiga un efecto tan contradictorio: cuanto más insista en la confianza que merece la Alta Velocidad, más temor provocará. Dense cuenta de cuál ha sido la evolución del discurso y la política de Puente.
Comenzó anunciando la edad dorada del tren, se puso un pin para celebrar que viajaríamos a más de 300 por hora en el corredor Madrid, Zaragoza, Barcelona y ahora lo que propone es cerrar temporalmente esa línea para acometer obras, circular a velocidad reducida en el resto y que los maquinistas afinen la vista cuando falle el LZB.
Esto de cueste lo que cueste es una especie de motivo obstinado de Sánchez. Primero se rompe y luego se arregla cueste lo que cueste. Fíjense que ya se empieza a deslizar algo que permite intuir hacia donde va a virar el discurso. Esto de lo público, lo público, lo público… el Estado frente al Mercado.
No, mire, si algo ha tenido el tráfico ferroviario ha sido una supremacía de lo público y un control político: ¿Cómo si no iba a terminar siendo consejero de Renfe Mercancías alguien como Koldo García? De portero del Rosalex a experto ferroviario… un milagro así sólo se consigue gracias al control político.
Esto recuerda mucho a cuando en la crisis hubo que rescatar a las cajas de ahorro, cuyos consejos de administración estaban a rebosar de políticos y lo que quedó para la historia es "el rescate a los bancos", "el rescate a la banca", y había aprendices de brujo que proponían una banca pública. No, si la banca pública es lo que quebró. ¿Cómo va a ser la solución meter a más políticos en la banca?
Lo que están denunciando los trabajadores de ADIF y de Renfe, los técnicos de las empresas públicas encargadas del tráfico ferroviario y de la seguridad de los viajeros es la "colonización" política de ambas compañía. Es decir, cómo se fueron sustituyendo cargos con experiencia y conocimiento por cargos de confianza. De cómo se sustituyó el mérito por la disciplina. Nada nuevo.
Adif y Renfe ya pertenecen íntegramente al Estado, por lo que culpar a la competencia privada del desastre ferroviario desvía el foco de la gestión y la supervisión. Pero esa es la idea.
No, si lo que se ha roto es lo de todos. En lo de todos se metió a Koldo de consejero. Pero para desviar la mirada de la gestión de lo público se dice que el problema se utilizan estos discursos tan perezosos que no hace falta Pagram para percibir tras ellos al Chatgpt.
Miren qué elocuentes son en cambio los datos. Este que lleva ABC: "El transporte ferroviario ya había perdido 37 millones de viajeros antes de la tragedia de Urda". ¿Y ahora? Pues ahora el daño es difícilmente reversible.
Hoy El País adelanta algunas de las medidas que estudiará el Consejo de Ministros para reforzar la seguridad de los trenes de alta velocidad: una mejora de los protocolos para que haya claridad en los mensajes que reciben los maquinistas, un refuerzo en recursos humanos con más personal y mejores condiciones para los que ya trabajan con más tiempo de descanso o turnos de noche reducidos.
De todo esto llama sobre todo la atención el asunto de los protocolos. Nos dijeron que había sido una confusión de los controladores, que se habían equivocado de protocolo, ¿o es que aplicaron las órdenes correctamente cuando ordenaron al maquinista del AVE reanudar la marcha normal mientras el Iryo permanecía parado en la vía? Esto lo determinará la investigación pero sería interesante que nos dijeran en qué tienen que mejorar los protocolos.
Lo hará Óscar Puente, que no dimite o no le destituyen hasta ver cómo afectará a las elecciones. O sea que estamos otra vez en la guerra de las narrativas, en la batalla del relato, y por eso y no por otra consideración sigue ahí Óscar Puente. Cuando se demuestre que ya no es útil, se le dejará caer y se dirá que no ha sido por un cálculo electoral sino por un rigor moral y para hacerse cargo del estado anímico de la sociedad española. Que es una perífrasis muy bonita.
Hace unas horas Alberto Núñez Feijóo proponía un modelo distinto de gestión y elevaba el tono ante la comparecencia de Óscar Puente. No es suficiente, dice
Y mientras, el Corredor Madrid-Zaragoza-Barcelona está en el aire. Salvador Illa ya ha dicho que es contrario a la suspensión de la circulación en esta línea.

