Cuando pensamos en los efectos del sol sobre la piel, es habitual que el foco se ponga en las quemaduras o el temido cáncer de piel. Pero existe otro problema, especialmente prevalente en mujeres, que empeora durante los meses de verano y que puede condicionar profundamente la autoestima: el melasma.
Aunque el melasma no supone un riesgo para la salud, sí genera un importante impacto psicológico. “Las personas con melasma suelen sentirse muy acomplejadas -señala la Dra. Simonsen-. En muchos casos evitan ir sin maquillaje, rechazan planes en la playa o la piscina y sufren una gran frustración al ver que, pese a usar protección solar, las manchas vuelven o empeoran cada año. Es mucho más que una cuestión estética ya que las manchas visibles en la cara generan, además, mucha inseguridad”.
El melasma afecta especialmente a mujeres jóvenes y de mediana edad, aunque también puede aparecer en hombres. La especialista explica que existen factores hormonales que lo desencadenan o lo agravan. “Es muy frecuente en mujeres embarazadas, durante la toma de anticonceptivos o en momentos de desajuste hormonal. También vemos un componente genético claro ya que, por ejemplo, hay familias en las que varias mujeres presentan este mismo patrón de manchas”.

