Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. La redacción de aquella emisora de radio era pequeña. Había empezado a emitir unos meses antes desde un chalé en la calle Bolivia de Madrid. Aún no había trepado hasta su dirección general, creo, aquel tipo grandullón, autoritario, bronco y abusón que estaba obsesionado con despedir redactores para quedar bien con su amigo, el consejero delegado.
El chalecito tenía tres plantas y un semi sótano. En la más alta estaba el despacho del jefe, con su váter correspondiente. En la siguiente, despachos más pequeños, alguna sala y algún váter. En la que daba a la calle estaban los locutorios. Y otro váter. Y en la última, el semi sótano, estaba la redacción.
Se afanaban aquel día los jóvenes redactores en sacar adelante sus crónicas y sus programas. De pronto, sonó un chasquido. Qué ha sido eso. Nadie sabía. Todo estaba, aparentemente, en su sitio y no se veía nada roto. Hasta que alguien dijo: "De esa columna sale agua". La columna no era, en realidad, una columna. Quiero decir que no sostenía nada. Solo tapaba la bajante que iba desde la planta noble hasta la modesta redacción pasando por todos y cada uno de los váteres. El agua que brotaba era marrón, ya te imaginas.
La fisura se fue agrandando hasta que reventó todo el desagüe inundando la coqueta redacción de aguas fecales e impregnando el aire concentrado del inconfundible olor, con perdón, a mierda. Rápidos, los jóvenes redactores hicieron dos cosas: levantar los pies del suelo adoptando sobre sus sillas la posición de loto, y enviar un emisario a la última planta para impedir que el jefe, ignorando de la rotura y urgido, qué te digo yo, por un apretón, optara justo en ese momento por echar el resto en su retrete. "¡Rapido!", gritó un redactora, "evitemos al menos que se sumen a la inundación los excrementos del jefe".
Aquel día los informativos salieron adelante. Y los programas. Los profesionales de la radio cumplieron con sus tareas tapándose la nariz, haciendo de tripas corazón y saliendo, de cuando en cuando, a tomar el aire. Un equipo de intervención no demasiado rápida evacuó las aguas fecales, fregó el suelo y citó para el día siguiente a los albañiles.
Pero el olor a caca permaneció durante días, durante semanas, puede que durante meses. No fue ése el motivo de que aquella emisora cambiara después de sede, pero quizá sí de que su nueva ubicación estuviera en la planta más alta de una torre de veintidós pisos. Si reventaba la bajante, al menos la pantanada fecal la sufrirían otros.
Recordé esta entrañable historia de hace treinta años -que aún huele- al escuchar ayer la narración en tromba de pasajes del sumario del caso Leire. (El mal llamado caso fontanera, admitámoslo, porque en rigor no es un caso de fontanería sino de pocería; no para evacuar heces sino para inoculárselas al sistema).
Me vino a la cabeza la imagen de policías, guardias civiles, jueces de instrucción, fiscales y periodistas abriéndose camino entre fosas sépticas con botas de pocero para no acabar de aguas fecales hasta las orejas. ¿Este chorongo de dónde viene, del colector de Ferraz, del de Julio, de la casa de Koldo, del despacho de Mercedes?
Si el día que Pedraz mandó a la UCO a Ferraz concluimos, de la lectura del auto, que todo era como parecía, la lectura del sumario completo revela que aún era peor. No es sólo que Santos Cerdán, o sea, el PSOE, dirigiera la labor intoxicadora de Leire Díez y asociados en su empeño por desacreditar a la UDEF, a la UCO, a jueces o a fiscales; no es sólo que Cerdán, o sea, el PSOE pagara por los audios villarejos que hasta ahora se dijo que habían sido entregados desprendidamente en un pendrive; no es sólo que Cerdán, o sea, el PSOE, financiara un pseudo medio para dar apariencia de investigación periodística al contrabando de munición sesgada. Es que ahora quien emerge como instrumento para frenar investigaciones de la UCO es la dirección de la Guardia Civil, o sea, la cúpula del ministerio del Interior.
Esto ya no es Leire con su padrino el de Servinabar. Esto es un director general de la Guardia Civil, hombre de confianza del ministro, urgiendo a los investigadores de la UCO a que terminen ya su investigación sobre el hermano del presidente y dictándoles cuál debe ser la conclusión: que no hay nada. Y el DAO nombrado por el ministro ordenando a la UCO que, en investigaciones que afecten a políticos, se pongan de perfil.
El DAO nombrado por el ministro ordenando a la UCO que, en investigaciones que afecten a políticos, se pongan de perfil
Y quien así lo declara no es un don nadie fantasioso que habla de oídas: es Rafael Yuste, el mando que dirigía la UCO en 2024. Repito, por si usted se ha perdido: tenemos a un general de la Guardia Civil, que dirigía en ese momento la UCO, contando hoy cómo el director general, mando político, dio instrucciones para cerrar en blanco la investigación sobre el hermano y cómo el DAO ordenó ponerse de perfil en las otras que pudieran tener efectos políticos.
Aquel director general se llamaba Leonardo Marcos, estuvo quince meses en el cargo y dimitió alegando razones personales, que es la forma tradicional de quitarse a alguien de en medio sin explicar por qué. Para entonces ya había trascendido que un informe de la UCO recogía cómo Koldo García había contado a su compadre Rubén Villalba que el hombre que le había avisado de que se le estaba investigando era el mismísimo director de la Guardia Civil, o sea, este Marcos.
Presunto chivatazo. Pareciera, ¿verdad?, que el peor enemigo de la UCO era el hombre al que Marlaska había encomendado dirigir la Guardia Civil. A su sucesora, Mercedes González, se refería Leire como su amiga. La investigación sostiene que se vieron tres veces y se comunicaron varias más por WhatsApp.
Leire quería informarle, de periodista a periodista, supongo, de lo podrida que estaba la unidad central operativa. Qué hizo o dijo la directora, no consta. Pero la UCO atribuye tres investigaciones internas de las que fue objeto la unidad a ese vínculo. Repito por si usted se ha perdido: la directora de la Guardia Civil en conexión con la pocería que bebe las aguas, fecales, por el presidente.
La directora de la Guardia Civil en conexión con la pocería que bebe las aguas, fecales, por el presidente
En su día se publicaron informaciones que sostenían que en Ferraz había gran malestar con Marlaska por no haber limpiado a fondo la unidad central operativa. Las fuentes eran de Ferraz. Y trataban de retratar a la UCO como la quinta columna del derechismo subversivo antisanchista. Nada muy distinto de lo que vino a alimentar, desde la sala de prensa de la Moncloa, la ministra portavoz que hacía suyos los argumentarios de ocasión sobre causas judiciales.
Ya no es sólo Cerdán y Leire y Dolset y las grabaciones villarejas. Es el ministerio del Interior queriendo controlar las investigaciones de la UCO que afectan al Partido Socialista y al entorno familiar del presidente. Y aún recoge el sumario la declaración de otro mando de la UCO que relata cómo el jefe del Estado Mayor pidió que se le enviara el organigrama de la unidad y los integrantes de la misma que estuvieran relacionados con investigaciones al Presidente del Gobierno.
La Guardia Civil tiene naturaleza militar y depende a la vez del ministerio del Interior y del de Defensa. Si el jefe del Estado Mayor se interesó por las investigaciones "vinculadas al presidente del gobierno" y lo hizo en esos términos, este ministerio también debe una explicación. Por qué se interesó y por qué expresamente por lo que pudiera afectar al presidente.
Responsabilidad no asumida
El máximo responsable del gobierno y del Partido Socialista, como se sabe, siempre fue el mismo. La idea de que ambas instituciones eran compartimentos estancos y que el personalísimo jefe de ambas nunca supo en qué andaba su capataz en el partido es una hipótesis defensiva que, a estas alturas, resulta, como poco bastante débil. No sabía de Cerdán y su empresa de pocería y no sabía de Leonardo Marcos y su afán por embridar a la UCO. Y tampoco debió de preguntar nada a nadie.
El PSOE reaccionó a la pantanada fecal de ayer con un mensaje de la señora Torró, secretaria de organización, que califica de "farsantes, oportunistas y resentidos" a quienes usaron el nombre del PSOE en vano. Lástima que, además de adjetivos, no les haya puesto nombre: ¿se refiere a Cerdán, su antecesor? ¿A Antolín, el antiguo jefe de propaganda? ¿Se refiere a Leire, la militante prime colocada en empresas públicas? La reacción de Rebeca Torró, ya lo siento, se parece a la que tuvo Santos Cerdán cuando empezaron a conocerse las andanzas de Koldo.
No digo que la señora Torró haya hecho nada ilícito -quien está imputada es su gerente-, pero sí que por la misma razón que una declaración oficial de Torró es, hoy, una declaración del PSOE -ella es hoy el PSOE-, cuando su cargo lo desempeñaba Cerdán era él quien recibía en Ferraz, ordenaba en Ferraz y pagaba desde Ferraz como lo que era: el PSOE. Y de ahí arranca la responsabilidad política, nunca asumida, de quien estando por encima de él no fue capaz de detectar ni de impedir que el aparato del partido se pusiera al servicio de una operación indecente para proteger al presidente. O sea, el presidente.

