El proyecto Vinos Sumergidos está estudiando la reacción del vino al proceso de inmersión bajo el agua. La investigación se está llevando a cabo con botellas de la Axarquía y tienen el objetivo de conocer cuál es la variación entre un vino sometido a este tratamiento y otro que siga el proceso clásico.
La investigación está liderada por el profesor Gorka Zamarreño-Aramendia y ha contado con las instalaciones del Club Mediterráneo para llevarlo a cabo. El proceso se ha llevado a cabo sumergiendo una jaula con botellas a diez metro de profundidad durante cinco meses. En ese tiempo se ha analizado la temperatura, la profundidad y el movimiento del agua, además de las condiciones de presión.
Las bodegas participantes son Dimobe, Bodegas Bentomiz, Viñedos Verticales, Fabio Coullet, Bodegas Almijara, Dominio de Arenas y Bodegas Jorge Ordóñez. La muestra ha sido de 160 botellas de vinos blancos, tintos y dulces y en octubre se llevará a cabo la cata a ciegas. La evaluación sensorial atenderá al color, el aroma, el sabor y la textura. Estos resultados se contrastarán con análisis físico-químicos de parámetros como el pH, el grado alcohólico, la acidez total, los polifenoles y los azúcares. El objetivo no es confirmar de antemano que el vino mejora, sino establecer si cambia, en qué sentido lo hace y si esas diferencias son consistentes entre las distintas referencias.
Si los análisis detectan diferencias consistentes, el equipo elaborará un informe de transferencia para que las bodegas participantes puedan valorar con evidencia si la conservación submarina ofrece una vía viable de diferenciación comercial o de desarrollo enoturístico. Cualquier aplicación posterior dependerá de los permisos administrativos y de las condiciones técnicas exigidas para nuevas inmersiones.
