Madrugo para contarte que Leo Messi se despide hoy de la selección argentina en Buenos Aires, en el estadio Monumental, y ante un rival poco competitivo como la selección de Benín, que le dará la oportunidad de lucirse y puede que de marcar algún gol.
Dice adiós Messi en un homenaje multitudinario que traspasará las gradas del campo y llegará a otros puntos de la ciudad, donde se ha preparado algo parecido a un festival, o a Rosario, su ciudad, donde lo sentirán especialmente.
Se despide un jugador que ha marcado a varias generaciones, no solo a la suya, porque de Messi seguirán hablando dentro de muchos años, como se sigue hablando de Maradona, de Cruyff, de Di Stéfano o Pelé.
Y contrasta con el portazo ruidoso de Cristiano Ronaldo, que se marchó de una concentración de su selección en Copenhague en un vuelo privado. En Portugal, sus compañeros, parecen jugar aliviados sin la mochila de una leyenda y en Argentina se preguntan qué será de ellos ahora sin Messi.
A muchos miles de kilómetros de Buenos Aires, en un pequeño pueblo abulense llamado El Barroco, despedirán hoy a una leyenda del ciclismo español. Ángel Arroyo falleció el domingo por culpa de un tumor cerebral y merece que recordemos que él abrió la puerta, con un segundo puesto en el Tour de 1983, a los que vinieron después: al carisma y la osadía de Perico, que conquistó París en el 88 y se convirtió en una estrella generacional. Y, sobre todo, a Miguel Indurain, que hizo historia con aquellas cinco victorias consecutivas.
Cuando los españoles eran invisibles en Francia, el director navarro José Miguel Echevarri tuvo el sueño de triunfar con un equipo español en el Tour. Lo logró con Perico e Indurain, pero nunca olvidó que quién lideró la transición del ciclismo e inauguró la era moderna fue Ángel Arroyo 'El Salvaje'.


