OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Atajos y desatrancos Moncloa"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre la "contrarreforma" que impulsa el Gobierno de la ley que ideó hace un año para maniatar al Consejo General del Poder Judicial y evitar que se hiciesen nuevos nombramientos en los distintos tribunales.

Carlos Alsina

Madrid | 24.06.2022 08:44

Con permiso de Raúl del Pozo, que me reprochará que tire de frases hechas, a esto se le llama ‘hacer un pan como unas tortas’. ¿A qué? A la última del equipo de ñapas y atajos del Palacio de la Moncloa. O cómo andar toqueteando todo el tiempo las leyes para salir del paso.

El equipo de ñapas y atajos del Palacio de la Moncloa

El mismo Gobierno que hace un año -un año- promovió la reforma de la ley para maniatar al Consejo del Poder Judicial y que no pudiera hacer nombramientos mientras no fuera renovado promoverá ahora una contrarreforma para liberar al Consejo de la atadura y que pueda nombrar a los dos magistrados que le corresponden el Tribunal Constitucional. Ahora que no, ahora que sí. Cambio la ley y la vuelvo a cambiar. Según lo que le va conviniendo a mis urgencias y mis tácticas.

Ahora que no, ahora que sí. Cambio la ley y la vuelvo a cambiar. Según lo que le va conviniendo a mis urgencias y mis tácticas

La última vez que estuvo aquí el ministro de la Presidencia, Bolaños, hablamos de este asunto. Toca renovar cuatro magistrados del Tribunal Constitucional, dos los elige el Gobierno y dos el Consejo del Poder Judicial. La Constitución dice que han de renovarse por terceras partes, es decir, como hay doce, de cuatro en cuatro. El ministro dijo aquí, sin embargo, que el Gobierno podía nombrar los dos que le tocan, aunque el Consejo no nombrara a los suyos.

La burda operación inventada por Moncloa para meter presión al PP

Ay, el Gobierno de los jueces. De ahí viene todo. De la burda operación que inventó la Moncloa hace un año para meterle presión al PP y al Consejo del Poder Judicial. Ya que los populares no accedían a pactar los nuevos vocales, y ya que los vocales no dimitían para forzar la renovación, se inventaron aquello de maniatarlo. Que el Consejo no pueda hacer nombramientos. Cambiemos la ley. Y la cambiaron.

Salió Adriana Lastra más solemne y digna que la reina de Inglaterra a explicarnos lo necesario que era aquel cambio para fortalecer las instituciones y no sé cuántas cosas más.

No se logró el objetivo de que el Consejo se renovara pero sí se consiguió empeorarlo todo

Hicieron un pan como unas tortas, porque desde entonces el Consejo no ha podido cubrir vacantes en los tribunales y ha ido parcheando como ha podido la situación. No se logró el objetivo de que el Consejo se renovara -ahí sigue Feijóo, dando largas- pero sí se consiguió empeorarlo todo. Incluida la renovación del Tribunal Constitucional. ¿Cómo dijo Lastra que era la reforma?

Un año después, hay que deshacer lo que se hizo

Sobre todo, orientada. Tan pensada y meditada que un año después hay que deshacer lo que se hizo. Y como ya es norma del Gobierno toquetear las normas para hacer lo que quiere en casos concretos, es probable que ahora metan en la ley que sí se pueden hacer nombramientos, pero sólo dos: los de los magistrados pendientes del Tribunal Constitucional. Ingeniería legal a lo Manolo y Benito. Hágase mi voluntad.

Han enfadado al ministro Escrivá. Otra vez

Han enfadado al ministro Escrivá. Otra vez. Le han vuelto a enfadar. ¿Quiénes? Dices: ¡Aznar! Por decir esto ayer donde Susanna Griso.

Pues sí, Aznar pero no sólo. Tienen enfadado al ministro los opinadores, como los llama él, que andan profetizando el resquebrajamiento de nuestras cuentas públicas al tener que subir las pensiones lo mismo que suban los precios, 8% de inflación en lo que llevamos de año.

Claro, el ministro lee la prensa, escucha la radio, ve a expertos que cuestionan sus diagnósticos y reclaman que se abra un debate, y qué quiere usted, monta en cólera. Pero qué debate ni qué debate.

El ministro lee la prensa, escucha la radio, ve a expertos que cuestionan sus diagnósticos y reclaman que se abra un debate, y qué quiere usted, monta en cólera

Con el afecto que le tengo al ministro, inventar, inventar, lo que se dice inventar, se ha inventado usted una palabra, espuriedades. Por ahí, no. Pero se entiende lo que dice. Dice que quienes dan la voz de alarma sobre las pensiones están sirviendo a intereses bastardos. De bancos, por ejemplo, que ofrecen planes privados de pensiones. Supuestos expertos que están escocidos porque le hicieron a Rajoy le reforma de 2013 y él, ahora, se la ha tumbado.

El tono de Escrivá no ayuda a transmitir seguridad

Desquiciada la reforma y un poco desquiciado, de nuevo con afecto, el tono que le salió ayer al ministro. No ayuda a transmitir aplomo, seguridad en lo que uno hace, sosiego al encarar las críticas ponerse como una hidra. Y es dar munición al adversario, que enseguida dirá que hay que ver lo nerviosos que se están poniendo los ministros con la inflación, la crisis y los naufragios electorales.

Hay que ver lo nerviosos que se están poniendo los ministros con la inflación, la crisis y los naufragios electorales

Ah, hay otro opinador que tiene al ministro fuera de sus casillas. Responde al nombre de Pablo Hernández de Cos y es el gobernador del Banco de España. En esto hacen causa común Escrivá y Yo Yolanda Díaz. Ambos se la tienen jurada al gobernador por cuestionar la subida de las pensiones. Si de ellos dos dependiera, la cabeza del gobernador estaría ya clavada en una pica en la plaza de la Cibeles.

Quién se habrá creído que es para examinar las políticas que hacen ellos. Las políticas de los ministros sólo pueden criticarlas otro ministros.

Ahí tiene usted a Teresa Ribera, vicepresidenta energética. Es otro estilo. Ni una palabra más alta que otra. Pero mira cómo se la tira a Yo Yolanda por estar predicando todo el día que hay que ponerle otro impuesto más a las compañías eléctricas.

Quién se habrá creído que es para examinar las políticas que hacen ellos. Las políticas de los ministros sólo pueden criticarlas otro ministros

Cuidadooo, no vayan a alegar las eléctricas que si les recortan beneficios recortan ellas la reinversión en nuevas tecnologías (y en la transición ecológica). Claro, esta vicepresidenta es la que hace quince días sostuvo que bajar el IVA de la electricidad otra vez era cosmética que dañaba los ingresos del Estado. Ahora que su jefe, el presidente, ha anunciado que eso es justo lo que va a hacer, bajar el IVA, tiene que hacer equilibrios para no llevarle la contraria sin desmentirse a sí misma.

Que sí, pero que no. Que lo del IVA, vale, pero eso no resuelve el problema de fondo que tenemos.

¿Y cuál es el problema de fondo? Que el precio de la electricidad no deja de subir, pese al publicitado tope al gas, que el precio de la gasolina no deja de subir, pese a los descuentos del combustible.

Dio por hecho el presidente que había corrupción en el caso de Ayuso

Érase una vez un presidente de Gobierno que imputó corrupción a una presidenta autonómica porque el hermano de ella había cobrado por conseguir mascarillas en China para un amigo empresario que contrató con la administración. Érase una vez Sánchez, prescindiendo de la presunción para afirmar que a Pablo Casado se lo cargó el PP para tapar la corrupción de Díaz Ayuso.

El caso del hermano intermediario que cobró un pastón lo elevó el Partido Socialista a la categoría de corrupción probada de Isabel Díaz Ayuso

El caso del hermano intermediario que cobró un pastón lo elevó el Partido Socialista a la categoría de corrupción probada de Isabel Díaz Ayuso. Está en su derecho ella, ahora que la Fiscalía anticorrupción ha archivado el asunto por ausencia de ilícito penal alguno, a pedirle a quienes la acusaron que asuman la conclusión a la que ha llegado la fiscalía. Anoche lo hizo en La Brújula de Juan Ramón Lucas.

El caso con el que quisieron tumbar a Díaz Ayuso, a quien acabó tumbando fue a Pablo Casado

No ha encontrado el fiscal Luzón asomo alguno de delito. Ni de trato de favor, ni de tráfico de influencias, ni de ocultación de ingresos a Hacienda. Luzón viene a decir que, en el ámbito penal, aquí no hubo nada. Sobre cuestiones éticas o estéticas la Fiscalía, naturalmente, no se pronuncia.

El caso con el que quisieron tumbar a Díaz Ayuso, a quien acabó tumbando fue a Pablo Casado. Al que no se cargaron en el PP por querer investigar la corrupción, como bien sabe el presidente. Se lo cargaron por querer contratar detectives para encontrar munición contra una dirigente de su partido.

Por eso, y por tener sublevados a los barones regionales contra la injerencia, y los modos, de Teodoro García Egea.