A pesar del discurso habitual de la Unión Europea que lleva promulgando desde hace años, este domingo se volverá a cambiar la hora una vez más. A las tres de la madrugada, entre el sábado 24 y el domingo 25 de octubre, los relojes tendrán que retrasarse una hora, por lo que a las 3 A.M. pasarán a ser las 2 A.M.
Dos veces al año nos seguimos preguntando la utilidad del cambio de hora, algo que ya plantearon en el Parlamento Europeo en 2019, aprobando la posibilidad de suprimir los cambios. Sin embargo, no consiguieron llegar a un acuerdo entre los Estados miembros.
También el Gobierno de Pedro Sánchez publicó un vídeo en redes sociales anunciando que propondría a la Unión Europea paralizar el cambio de hora. El presidente del Gobierno consideraba que "apenas ayuda a ahorrar energía y tiene un impacto negativo en la salud y en la vida de la gente", y lo cierto es que no le falta razón.
Los estudios demuestran que el cambio de hora provoca un desajuste entre nuestro reloj biológico y el entorno, repercutiendo de manera negativa en la salud con alteraciones del sueño, del apetito y del estado de ánimo. Esto se vuelve especialmente notorio en personas con una rutina muy marcada, como es el caso de los niños.
¿Por qué existe el cambio de hora?
La idea de aprovechar mejor la luz del día se remonta al siglo XVIII, cuando Benjamin Franklin escribió en 1784 una carta satírica para el Journal de París sugiriendo lo siguiente: si la gente se despertara más temprano, se podría ahorrar en velas al usar más luz solar. Lejos de buscar un cambio en los relojes, el padre fundador de los Estados Unidos sembró una semilla que pronto cobraría más importancia.
Durante la Primera Guerra Mundial, Alemania decidió dar el primer paso hacia un cambio de hora que aún hoy en día se mantiene en casi un 40% de los países del mundo. En 1916, los germanos implantaron el primer horario de verano para ahorrar carbón y energía, ya que al tener más luz durante la tarde se reducía la necesidad de iluminación artificial en tiempos de escasez de recursos. Poco tiempo después, varios países europeos y Estados Unidos siguieron el ejemplo, adelantando también los relojes.
Los principales motivos históricos para favorecer el cambio horario han sido:
- Aprovechar mejor la luz solar: mover una hora de luz de la mañana (cuando muchas personas duermen) al final de la tarde.
- Ahorrar energía: al hacerse de noche más tarde, se usarían menos luces artificiales y, por tanto, menos combustible o electricidad.
- Ajustar la jornada laboral y social: permitir más horas de luz al terminar el trabajo o la escuela, lo que fue visto como beneficio social y económico.
Con el debate continuamente presente, en esta ocasión se volverá a mantener el cambio de hora, a pesar del desajuste que puede provocar en personas con una rutina muy marcada. Quién sabe si este será el último cambio de hora.

