Como confirma la Comunidad de Madrid, ya han empezado a verse algunos ejemplares de orugas procesionarias. Al llegar el buen tiempo vuelve a aparecer la oruga procesionaria del pino en parques y zonas con pinares, convirtiéndose en un importante riesgo para la salud.
El insecto desciende de los árboles en largas filas que son características y tiene miles de pelos urticantes que contienen una toxina muy irritante. El contacto, o tan solo la proximidad, puede causar reacciones graves en personas y animales.
Para los niños, el peligro es aún mayor, ya que suelen ser muy curiosos y pueden llegar a tocar a las orugas. El contacto puede causar irritación de la piel, urticaria, inflamación, problemas oculares y síntomas respiratorios si los pelos se inhalan.
Los pelos pueden provocar reacciones alérgicas, y esto puede suceder aunque no toquemos directamente al insecto, pues los pelos pueden dispersarse por el aire.
El grupo más vulnerable son los perros, que con el hocico exploran el entorno y pueden lamer o morder a las orugas. En cuestión de minutos pueden llegar a tener la lengua y boca inflamadas, excesiva salivación, dolor muy agudo y dificultad para respirar. En los casos más graves puede haber necrosis de la lengua o incluso un shock anafiláctico que puede ser mortal si no se actúa con rapidez.
La llegada de las orugas, cada vez más pronto
El riesgo, además, se está incrementando en los últimos años. Las temperaturas más suaves han anticipado el aparecimiento de estas orugas, que ya se pueden ver desde febrero en muchas zonas de España. Esto alarga el periodo de peligro y lo hace coincidir con momentos en los que niños y mascotas pasan más tiempo al aire libre.
Por ello, los expertos aconsejan extremar la precaución: evitar las zonas de pinos en temporada, no tocar a las orugas ni sus nidos y vigilar de cerca a niños y perros. Ante cualquier contacto se debe acudir rápidamente a un médico o veterinario, pues la rapidez puede evitar complicaciones graves.
Las orugas procesionarias, aunque pequeñas y aparentemente inofensivas, representan un serio problema de salud pública y requieren información, prevención y vigilancia constante.

