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El curioso caso de Tamariz, el toro que se comporta como un animal doméstico en esta finca de San Sebastián de los Reyes: "Me lo encontré viendo la tele"

El toro fue rechazado por su madre al nacer y su dueño, al darle el calostro, generó un vínculo entre él y el animal que hasta el momento ha sido inseparable.

Toño López-Carrasco | Tomás Sanjuán

Madrid |

Chechu, dueño de la Finca Olivares, junto al toro Tamariz.

La naturaleza es sabia y se abre camino a su paso. En esta finca de San Sebastián de los Reyes vive un toro bravo de más de 300 kilos, aunque de bravo tiene muy poco. Bajo el nombre de Tamariz, se ha convertido en todo un fenómeno en redes sociales por un comportamiento que nadie esperaría de un animal de lidia: entra en casa como si fuera un perro, se tumba en el salón y se queda mirando la televisión junto a su familia humana.

En una entrevista realizada por Tomás Sanjuán, su dueño, Chechu, explica la razón por la que el toro se comporta de esta manera tan inusual. Todo comenzó cuando su madre lo rechazó nada más nacer. El animal necesitaba del calostro, la primera leche materna que reciben los mamíferos: "Si en las dos primeras horas el becerro no toma el calostro, no sobrevive", explica Chechu.

Chechu, al ver el rechazo de su madre, algo habitual en las primerizas o tras partos complicados, le dio calostro que tenía congelado y alimentó al animal, lo que les unió desde ese momento hasta la fecha. Decidió criarlo a biberón y cuidarlo personalmente durante sus primeros meses de vida.

Ese contacto constante con humanos acabó creando un vínculo completamente fuera de lo común. Aunque Tamariz ha crecido rodeado de otros animales en la finca Olivares de San Sebastián de los Reyes, es habitual verlo entrar al salón, recorrer los pasillos o incluso abrir puertas con los cuernos para colarse dentro.

Uno más de la familia

"Va como Pedro por su casa; hay veces que te lo encuentras en la cocina", cuenta a Onda Cero su dueño. Lo más sorprendente es que, según Chechu, "no es el primero que crío así, pero este sí que tiene la peculiaridad de que ha mantenido ese vínculo hasta ahora".

Los vídeos de Tamariz han arrasado en redes sociales, y con razón. En algunas imágenes aparece paseándose entre sofás con total tranquilidad; en otras, devorando una paella o buscando el frescor del ventilador en verano. Chechu cuenta que, la primera vez que le vio entrar a casa, "no iba buscando comida, sino que estaba ahí tumbado viendo la tele". Las escenas han dejado desconcertados a miles de internautas, incapaces de creer que un toro bravo pueda comportarse de forma tan doméstica.

Ante la pregunta de si alguna vez ha roto algo, Chechu ironiza con que "un día rompió una tele; no sé si le pusieron los anuncios o algo...".

A pesar de lo amigable que pueda parecer, su dueño insiste en que sigue siendo "un toro bravo" y que nunca hay que olvidar su fuerza y sus instintos: "No está amansado ni domesticado, pero él siente que la casa forma parte de su ecosistema". Aunque el vínculo con él es especial, reconoce que puede resultar peligroso si no está presente alguien de confianza.

Mientras tanto, Tamariz sigue acumulando millones de reproducciones. Un toro que nació rechazado por su madre y terminó encontrando su sitio… en el sofá de casa.