La antropóloga Lucía Gómez Aguilera ha analizado este miércoles en La Brújula las amenazas que puede suponer la tecnología ante catástrofes como el accidente ferroviario de Urda, que ha dejado por el momento 68 muertos. "Las crisis y emergencias son el momento perfecto en el que la desinformación se cuela en nuestros teléfonos y en nuestras redes, porque falta justo lo que la gente más necesita, que es información fiable", ha explicado Gómez Aguilera.
La antropóloga ha subrayado que la ausencia de información durante las primeras horas de una emergencia no responde necesariamente a una conspiración, sino a la complejidad de los acontecimientos. En estas situaciones, ha señalado, hay muchas cuestiones que se desconocen y que pueden tardar días en esclarecerse. Como ejemplo, ha recordado que el informe técnico del apagón tardó un año en elaborarse. "La respuesta científica tarda mucho en llegar", ha afirmado, un tiempo durante el cual la desinformación puede abrirse paso.
La responsabilidad individual a la hora de compartir
Gómez Aguilera ha reconocido que las personas gestionamos mal la incertidumbre y que "necesitamos respuestas cuando sucede algo terrible e injusto". Por eso, ha defendido la importancia de asumir que no siempre se dispone de toda la información y de evitar contribuir desde los teléfonos móviles y las redes sociales a enturbiar la situación.
Durante la jornada, los grupos de WhatsApp se han llenado de mensajes para comprobar que familiares y conocidos estaban bien, pero también han circulado fotografías del accidente de Adamuz presentadas como si correspondieran al siniestro de este miércoles, mensajes sobre un supuesto ataque de hackers, supuestas amenazas de Netanyahu relacionadas con el accidente y mensajes de indignación que señalaban directamente a posibles culpables.
La antropóloga ha recordado que durante la tragedia de la dana de Valencia también se difundieron numerosas teorías conspirativas sobre el aparcamiento de Bonaire y la destrucción de presas, afirmaciones que resultaron ser falsas. En este sentido, ha advertido que quienes se dedican a desinformar aprovechan estas situaciones para difundir respuestas y alimentar narrativas favorables a sus intereses.
Ante este escenario, ha insistido en la responsabilidad individual a la hora de compartir contenidos. "No reenviar mensajes que no estén confirmados o contrastados es algo positivo", ha señalado. Y ha añadido: "Cuando envío cualquier cosa, soy responsable de lo que pase con ese contenido". Por ello, ha defendido que cada persona debe contribuir a frenar la circulación de información no verificada en sus grupos familiares y de amigos, en lugar de amplificar el ciclo de la desinformación.
No reenviar mensajes que no estén confirmados o contrastados es algo positivo
Evitar la sobreinformación
Para evitar caer en esa dinámica, Gómez Aguilera ha recomendado ser conscientes de que los teléfonos móviles cuentan con algoritmos que se alimentan de las interacciones de los usuarios. En su opinión, es importante dosificar el consumo informativo y no caer en la sobreinformación y el "scroll infinito", que puede aumentar la sensación de miedo y enfado.
La antropóloga también ha aconsejado reservar momentos concretos del día para informarse a través de fuentes fiables, en lugar de permanecer desplazándose continuamente por las redes sociales. Además, ha pedido precaución con los vídeos especialmente explícitos y respeto a la hora de publicar mensajes relacionados con la tragedia.
"Las víctimas y sus familiares se merecen un respeto", ha recordado. Por eso, ha defendido que es necesario abordar estas situaciones desde la calma, para poder pensar con claridad y actuar con información fiable.

