HISTORIAS

La lección de vida que Mateo da a través de su arte inventado: "Si quieres vivir feliz es imprescindible tener algo que te motive"

Mateo es un ejemplo de que la creatividad y las ganas de aprender no entienden de edad. Y de que quizá el verdadero privilegio sea encontrar algo que te siga emocionando después de toda una vida.

Tomás Sanjuán

Madrid |

Mateo, creador del Grapel

El protagonista de esta historia es José Antonio Mateo Flórez, un madrileño que hoy tiene 90 años y que, sin proponérselo, hace 50, creó una disciplina artística que nadie más en el mundo practica.

Todo empezó hace casi medio siglo, cuando trabajaba en la puesta en marcha de equipos médicos en el Hospital La Paz. Allí se encontró con algo que en principio no tenía ningún valor artístico: radiografías veladas, completamente negras, descartadas porque los equipos aún no estaban en condiciones óptimas.

En una de esas láminas, cogió un bisturí y empezó a raspar.

"Si profundizo un poco más o un poco menos, consigo distintos tonos", recuerda.

Aquel gesto abrió una puerta inesperada, había descubierto que "podía dibujar" sobre la propia radiografía. No con tinta ni con pincel, sino retirando materia. Así nació el Grapel, una técnica que combina grabado, dibujo y una especie de escultura en plano.

Una escultura plana

El propio Mateo lo define de una forma muy gráfica:

"Más que pintura es una talla. Una escultura plana".

La base del proceso son esas radiografías negras, utilizadas antes de mostrar imágenes del cuerpo humano. Sobre ellas, el bisturí determina, según la profundidad del corte, la intensidad del tono. Según explica, puede llegar a obtener hasta 17 matices distintos en una sola lámina de menos de un milímetro de grosor.

El resultado exige una precisión extrema. Un mínimo error puede arruinar semanas o incluso meses de trabajo.

"Hay que tener paciencia sin límite y muy buen pulso", resume.

Su día a día

Desde entonces, no ha parado. Más de 50 años después, sigue trabajando cada día, levantándose alrededor de las seis de la mañana para continuar con obras que pueden prolongarse durante meses o incluso años.

"Después de tantos años, no podría vivir sin hacer Grapel", asegura.

Su obra ha ido creciendo en complejidad y ambición: catedrales, templos egipcios, animales, paisajes urbanos o monumentos icónicos como la Torre Eiffel, Notre Dame o la Sagrada Familia. Entre sus trabajos más recientes destaca una representación de la Basílica de San Pedro.

Durante años ha expuesto en espacios como los hospitales Hospital Ramón y Cajal y Hospital 12 de Octubre, además de en centros culturales como el Museo Picasso de Buitrago del Lozoya. Parte de su obra también se conserva en un museo municipal en Extremadura dedicado a su trayectoria.

Lo importante es el proceso

A pesar del reconocimiento, insiste en que lo importante no es el resultado final, sino el proceso.

"Lo más satisfactorio es ver cómo va naciendo la imagen. Vas quitando material y poco a poco aparece lo que estaba dentro".

El Grapel sigue siendo, según él, una técnica única en el mundo. Y aunque ha recibido interés y peticiones de compra, Mateo se mantiene firme: no quiere desprenderse de sus obras. Para él, lo esencial es otro tipo de recompensa.

"Si quieres vivir y vivir feliz, es imprescindible tener algo que te motive", afirma.

Mateo es un ejemplo de que la creatividad y las ganas de aprender no entienden de edad. Y de que quizá el verdadero privilegio sea encontrar algo que te siga emocionando después de toda una vida.

La historia de Mateo, en radio: