Hoy venía pensando en… que les voy a contar una historia.
Es la de mi amigo Manolo. Como muchos de vosotros es valencianista desde que nació y como muchos de vosotros lleva pisando Mestalla desde que lo hiciera el gran matador Mario Kempes. Como muchos de vosotros ha disfrutado de buenos y malos momentos, más buenos que malos, hasta la llegada de Peter Lim al Valencia. Como muchos de vosotros ha estado en finales de Champions, de Copa en Sevilla (siempre Sevilla) y ha sido feliz viendo a su equipo levantando dos ligas y algún que otro título europeo. Como muchos de vosotros se sintió orgulloso allá por 2004 cuando su equipo fue galardonado con el trofeo de mejor equipo del mundo.
Manolo, como muchos de vosotros es socio desde tiempos inmemoriales y acude cada fin de semana a Mestalla a ver a su equipo. Y como muchos de vosotros se ilusionaba pensando que su equipo un día volverá a Europa para volver a ser lo que era. Manolo es un tipo culto, a veces incluso un poco pedante, con sus estudios universitarios en odontología que ejerce en una clínica de su propiedad en Alboraya. Pero la pasión por su Valencia es muchas veces superior a todo. O era. Porque de un tiempo a esta parte he notado un cambio en él. Ya no tiene esa pasión de ver a su Valencia cuando juega fuera de Mestalla y hasta olvida cuando lo hace. Quizá como muchos de vosotros.
Ahora se ha hecho socio del, como le llama él, Pamesa Valencia. La llegada del Roig Arena junto a la de Pedro Martínez a su banquillo tal vez haya hecho que esa pasión, él es de esos tipos que se siente orgulloso de ser valenciano, la haya proyectado al baloncesto. Porque quizá como muchos de vosotros esté ya cansado de las promesas incumplidas de Meriton. No me cabe duda que seguirá yendo cada domingo a Mestalla, que jamás dejará solo a su Valencia y seguirá siendo socio cada año pero… tal vez lo haga, como muchos de vosotros, con esa esperanza de que algún día todo esto cambie y sea solo una triste pesadilla. La pregunta es… ¿hasta cuándo?

