Ella nació en una casa donde la copla sonaba en cada rincón. Sus padres eran unos enamorados de Rocío Jurado y Marifé de Triana y a ella, aquellas voces, le sirvieron de inspiración para empezar a cantar entre familiares y amigos cuando tan solo tenía 7 años.
Un día alguien le pidió que cantara. Y ella, sin demasiadas ganas, aceptó después de que le pusieran cinco duros en la mano. Aquel gesto lo cambió todo. Desde entonces, cada vez que le pedían una canción, ella reclamaba su dinero. Y así, entre risas y ovaciones, nació su vocación.
Sus padres, conscientes de su torrente de voz, no dudaron en cumplir su deseo de subirse a un escenario. Su primera actuación llegó en un restaurante y allí un representante musical la escuchó y quedó prendado. De ese encuentro, nació una oferta para cantar en un tablao flamenco durante dos años, tiempo suficiente para que aquella niña se ganara la vida gracias a la música y comenzara a construir su carrera.
María del Monte enamoró a España con 21 años cuando se dio a conocer en el programa Gente Joven. Aquel concurso le abrió las puertas para grabar su primer disco, aunque su salto a la fama llegó con el segundo, con el que -no solo conquistó al gran público- sino que también rompió moldes. En una época en la que las sevillanas estaban asociadas casi en exclusiva a voces masculinas, ella abrió camino y demostró que una mujer podía liderar el género.
Ahora, después de más de 40 años de carrera, con más de 20 discos de platino, con la Medalla de Andalucía y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, la voz icónica de las sevillanas y de la canción española vuelve con un nuevo sencillo. Un tema al que ha llegado por casualidad, como tantas cosas en su vida, y al que ha titulado “Agüita de Manantial”.
