En el primer 'Al cazo' descubrimos a 'Los Katamierdas', un padre y a un hijo que se lanza a probar con casi cualquier cosa sin mirar la procedencia ni el aspecto: desde snacks asiáticos crujientes hasta dulces europeos, pasando por tentempiés latinoamericanos y refrescos de cualquier rincón del mundo. Lo abren, lo prueban y lo comentan con espontaneidad, deteniéndose en el sabor, la textura, el aroma o la sorpresa del primer bocado. Pero eso sí, ellos solo comparten su punto de vista, no buscan sentar cátedra ni ofender a nadie. Entre los productos que han probado, el pequeño Uday Alonso, recuerda el huevo centenario. "Es un huevo de China, que le llaman huevo centenario o huevo milenario. Son huevos de pato. Y los dejan así como con ceniza, o sea, ahora no me acuerdo, con algunos minerales, con alguna historia. Y entonces, los dejan como macerando y se queda la yema se como negra, y la clara se queda gris" ha explicado Javier Alonso, padre de Udai y miembro de 'Los Katamierdas'.
Para los más tradicionales, la propuesta de este inicio de año pasa por una visita a la confitería Camilo de Blas, un establecimiento que habría sus puertas originariamente en León en 1849. Con más de 175 años de historia las anécdotas se le acumulan en las vitrinas de sus tiendas. "Cuando abrimos allí en Gijón, una chica me dijo: «Madre, no sabes la ilusión que me hizo recordar mis tiempos de niña cuando mi padre nos traía los domingos los pasteles a casa». Bueno, los estaba diciendo con tanta emoción que me dijo: «Mi padre lleva tres años con Alzheimer y no conoce a nadie. Tengo que devolverle esos momentos tan bonitos que él me hizo pasar». Y le llevé pasteles de los que ustedes hacen. Cuando se lo puse en la boca, después de años sin hablar ni conocer a nadie, dijo: «¡Camilo de Blas...!»", ha recordado José Juan de Blas, que pertenece a la cuarta generación al cargo de Camilo de Blas.
