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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Volvió el hombre Iglesias y con él volvió el victimismo de Podemos"

• Las encuestas decían que ganaba Hillary Clinton y quien ganó fue Donald Trump.

• Las encuestas decían que ganaba el remain y lo que ganó fue el irse, o sea, el Bréxit.

• Las encuestas decían que seguiría gobernando Susana y quien gobierna hoy es Juanma.

Carlos Alsina | @carlos__alsina | Madrid
| 25/03/2019

Es natural que en la Moncloa sientan el vértigo de que acabe pasando lo contrario de lo que las encuestas hoy retratan. Y es natural, sobre todo, que este consenso que existe sobre la victoria de Sánchez (con mucho margen) y sobre la cantidad de escaños que va a desperdiciar la derecha al presentarse dividida en varias marcas no les permita estar tranquilos. No vaya a ser que los votantes de izquierda, viendo tan claro que Pedro gana, se queden en casa esperando a verle comparecer en la Moncloa anunciando que tendrá de vicepresidentes a Irene y Pablo.

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El futuro es, por definición, una enorme incógnita.

Y en campaña electoral, más.

Ha tenido cierto recorrido esto que le respondió el fontanero jefe del PSOE, José Luis Ábalos, a Daniel Basteiro en una entrevista: que entre Ciudadanos y los independentistas, él prefiere a los naranjas para investir presidente a Pedro Sánchez.

Es natural que Ábalos prefiera que sea Ciudadanos quien haga presidente a Sánchez porque la última vez le hicieron presidente Puigdemont y Junqueras y ya se ha visto cómo terminó la cosa. Pero el ministro no habla de gobernar con Ciudadanos, ni siquiera de negociar con Rivera la investidura. Dice que sería bienvenido su apoyo. El PSOE aspira a lo que mismo que todos: gobernar en solitario y tener socios estables que le permitan ganar las votaciones parlamentarias. Pero ha sido decir esto y Echenique ha puesto el grito en el cielo: ay mi madre, que éste prefiere a Rivera antes que a nosotros. Y aún se ha revuelto más Gabriel Rufián, que reclama para Esquerra la condición de dique frente a un gobierno socialista anarajado. En realidad Esquerra concurre a estas elecciones abrazada a Arnaldo Otegi, el pacto electoral con Bildu que hoy se oficializa. De manera que el futuro grupo parlamentario de Esquerra será el grupo de Esquerra-Bildu. Si el PSOE quiere negociar algo con Junqueras, en prisión o fuera de ella, lo estará haciendo también con Otegi. Demasiado sapo para que se lo trague, por ejemplo, el señor Ábalos.

Volvió Pablo Iglesias. ¿De dónde? Pues de ningún sitio. Nunca fue verdad que Iglesias se hubiera ido.

A Podemos hay que reconocerle que ha conseguido la notoriedad que buscaba creando una ficción que casi todo el mundo ha comprado como hecho real. Iglesias no ha abandonado su actividad política el tiempo que ha estado en su casa. Lo único que no hacía es ir al Congreso. Siguió dirigiendo Podemos, pilotó la campaña contra Errejón, negoció con el independentismo catalán para intentar salvar los Presupuestos y visitó la Moncloa todas las veces que fue llamado por su compadre Sánchez. Dices: ya, pero no ha dado entrevistas ni ha salido en los medios. Santiago Abascal tampoco, y eso no impide que esté más presente que nunca.

Sobre la ficción de la ausencia se construyó la ficción del retorno. Y en el día del retorno él remató la jugada con la ficción del líder que cuenta lo que los demás no se atreven a contar. Este Iglesias actoral, un poco sobreactuado, que dice haber reflexionado mucho, que pronuncia las palabras a velocidad lenta y finge parar de vez en cuando, mirada al suelo, para pensar cómo sigue. Este Iglesias que ensayó unas cuantas veces su actuación del sábado.

Aquí está el líder valiente (más valiente que los demás, señora) que, a diferencia de los otros, cobardones, dice las verdades. ¿Y qué verdades son ésas sobre las que levantó Iglesias su novedoso discurso? Pues la primera y principal, que el Parlamento pinta muy poco. Que no es verdad que ahí esté el poder del pueblo. Que son las familias poderosas las que de verdad mandan.

El coraje de soltar cinco apellidos en público. Cinco apellidos que, para Iglesias, representan a las veinte familias que de verdad manejan el cotarro. ¿Ésta es la novedad en el discurso de Podemos? ¿A esto se refiere Iglesias cuando dice que tenía que hacer una intervención diferente a todas las anteriores? Oiga, ¿dónde está la novedad? Hace cuatro años ya predicaba contra las familias ricas, el Ibex 35, la casta. Los de arriba y los de abajo. El gobierno era el mayordomo de los poderosos. Y por eso temían tanto a Podemos, porque venía a terminar con la sumisión al capital, que es el mal, como nos enseñó la Bruja Averías.

El nuevo Iglesias es un remake del Iglesias de hace cinco años, con más edad, con dos hijos, con vivienda unifamiliar en la sierra y con cinco años de actividad parlamentaria primero en Estrasburgo y luego en el Congreso. La cámara que en 2014 no nos representaba y que desde que está él sí representa pero no legisla con independencia. Iglesias intenta reverdecer todo aquello que en estos años se le ha ido marchitando: el factor novedad, la frescura que le atribuían los comentaristas, el subidón que daban las audiencias cuando él comparecía en un programa, la aptitud para detectar las corrientes sociales que le reconocían hasta sus críticos. Iglesias intenta volver a ser el que fue desempolvando todo aquello de entonces: la casta, la democracia real, los bancos, los medios de comunicación, los sospechosos habituales.

En rigor, la principal decisión que se tomó en este último año en España fue cambiar al presidente de gobierno. Nada menos. No parece que lo decidieran entre Amancio Ortega, Florentino Pérez e Isidro Fainé. Ni entre los ejecutivos de los medios de comunicación. La decisión la tomaron Pedro Sánchez, Iñigo Urkullu, Oriol Junqueras, Carles Puigdemont y, naturalmente, Pablo Iglesias. No es muy coherente predicar que el Parlamento carece de poder al lado de los malvados empresarios y presumir, a la vez, de haber subido el salario mínimo con la fuerza de los diputados y los votos. Pero nadie le va a pedir coherencia, a estas alturas, a quien sostuvo que no puede representar al pueblo quien vive en una urbanización de la sierra hasta que fue él quien empezó a vivir allí.

Volvió el hombre y con él volvió el victimismo de Podemos.

Ay, que van a por nosotros. Ay, que molestamos. Ay, que nos maltratan los medios.

Ese directivo anónimo que le advirtió a Iglesias en octubre de que eran el enemigo.

Qué honesto el directivo advirtiéndole. De lo mismo que él ya decía en 2014.

Miren, hace cinco años el estribillo que más repetían sus líderes era aquel que decía que el sistema estaba blindado para impedir que entrara al Parlamento un movimiento como el suyo. Todo estaba diseñado para que sólo hubiera PP y PSOE. El sistema era antidemocrático. Hasta que entraron en el Parlamento, ya lo creo que entraron. Han sido el tercer grupo parlamentario de la cámara, el tercero. No estaría tan blindado el sistema y no serían tan poderosos los poderosos.