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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El rey demérito"

Carlos Alsina analiza en su monólogo de Más de uno las palabras de Pedro Sánchez para opinar sobre sobre lo que se ha publicado estos días de la investigación judicial que, en Suiza, afecta a Juan Carlos I. Además, habla sobre la falta de valoración de Sánchez del comportamiento de su vicepresidente, Pablo Iglesias, en el caso Dina.

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   | 09/07/2020

Dos palabras: ‘inquietante’ y ‘perturbador’. O en plural y en femenino, ‘inquietantes’ y ‘perturbadoras’.

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Las dos palabras que alguien, en la Moncloa, dedicó un rato a escoger para que fuera ésas las que utilizara el presidente del gobierno al opinar sobre lo que se ha publicado estos días de la investigación judicial que, en Suiza, afecta al rey Juan Carlos.

Una frase estudiada, diseñada, para bendecir al rey de ahora, Felipe, y sentenciar al rey de antes, Juan Carlos. El presidente del gobierno agradece a don Felipe que haya repudiado a su padre (agradecer es una forma de juzgar, y aprobar, al actual jefe del Estado) y da por amortizado a don Juan Carlos, no vaya a parecer que el PSOE, a diferencia de su socio de gobierno morado, siente la tentación de salvar la cara del emérito.

La calculada declaración de Sánchez la explican los portavoces oficiosos de la Moncloa como una contribución a la causa del rey Felipe, pieza de caza mayor por la que suspiran Podemos, Izquierda Unida, Esquerra Republicana, Junts per Cataluña, EH Bildu, en fin, el veinte por ciento del Parlamento. Salvar al rey actual del destrozo que don Juan Carlos, con su presunto cobro de comisiones, el dineral que le soltó un gobierno extranjero y la ocultación de la fortuna a la Hacienda española, le está haciendo a la corona. A la vez, cabe interpretar la declaración de Sánchez como una contribución a su propia causa: él va con el rey bueno mientra siga limpio de polvo, y le perturba lo que hizo don Juan Carlos por inquietante. Podemos, se lo recuerdo, como los otros socios de investidura, acusan a Sánchez de bloquear el intento de investigar esas informaciones tan inquietantes en el Congreso de los Diputados. El presidente se está sacudiendo la acusación con estas calificaciones de ayer.

Que permiten hacer dos observaciones:

· Una, el caprichoso criterio que tiene el presidente para valorar, o no, investigaciones judiciales. Hace una semana le estaba explicando a Ferreras, cuando le preguntó por Dina, que él sobre causas judiciales no

Más abierta que la cuestión judicial del rey en Suiza no hay ninguna. Pero el criterio, como se ve, también en esto es voluble.

· Y dos, segunda observación, ¿exactamente qué es lo que perturba al presidente? De su declaración de ayer podría deducirse que está sorprendido por lo que se ha publicado esta semana. Pero si alguien no puede estarlo es él. Lo de Corinna, o de Canónica, lo de Fasana y lo de las dos fundaciones tapadera ya lo sabía el gobierno. Los interrogatorios que ahora han trascendido son de 2018 y nada de lo que ahí se dice lo ignoraba ni el CNI ni la Moncloa. Es más, hace un año y medio el rey Felipe informó al gobierno de que unos abogados británicos que trabajan para Corinna le habían informado de que era beneficiario de la Fundación Ludum con vistas a abrir una negociación, entiéndase, el precio para mantener ese dato fuera del radar público. Don Felipe rechazó negociar nada, fue al notario a renunciar a cualquier dinero que pudiera corresponderle de esa Fundación e informó del asunto a las autoridades competentes. Ésa fue la expresión que eligió Zarzuela en su comunicado del 15 de marzo de este año: ‘trasladó la carta de los abogados a las autoridades competentes’.

Lo que estos días se ha conocido es la forma en que estos tres personajes del entorno regio, Corinna, Fasana y Canónica, describieron al fiscal cómo se creó la fundación tapadera, a cuánto ascendió el dinero saudí y cómo acabó ese dinero en la cuenta de Bahamas de Corinna en atención al amor y la gratitud infinita que don Juan Carlos sentía por ella. Los detalles. Esto que la Zarzuela llamó en marzo, midiendo también cada palabra, como ‘estructura financiera cuyas características puedan no estar en consonancia con la legalidad’. Que es la manera, alambicada, que tiene la jefatura del Estado de sugerir que el rey Juan Carlos vulneró la ley y que la Zarzuela lo sabe.

Lo que sigue sin valorar el presidente Sánchez es el comportamiento de su vicepresidente en el caso Dina. Tanto lo que hizo cuando recibió las fotos y los vídeos que no eran suyos (ocultárselo a ella) como lo que está haciendo ahora intentando convertir su situación incómoda en un debate sobre las informaciones de prensa.

Todo lo que dice Sánchez es que él no ha actuado nunca como su segundo. Pero elude valorar la doctrina pablista sobre la naturalización del insulto en la vida pública. En ausencia del presidente, se ocuparon de sugerirle al líder morado que esté a la altura de lo que se espera del gobierno de España dos ministras: Robles y Calvo.

El gobierno tiene que ocupar su lugar. El problema es que el martes, en la sala de prensa de la Moncloa, y aunque hubiera cuatro ministros, el lugar (y la doctrina) la impartió sólo uno, sin que el resto hiciera saber que era cosa sólo de él, y no de ellos.

En todo caso, y ahora que se han animado algunos (o algunas) colegas de gabinete a hablar en público sobre los últimos acontecimientos, falta que den el paso de valorar el comportamiento de un hombre de treinta y muchos que en 2016 se guardó abudantísimo material íntimo y personal ---según la descripción que de la tarjeta han hecho quienes accedieron a ella, incluido Iglesias—- de una mujer de veinticinco años a la que ocultó que tenía ese material, y evitó devolvérselo de inmediato, alegando que lo hacía por el bien de ella. Para evitarle presión. No fuera a resultarle perturbador.

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