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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Junqueras no olvida que el mentor de Torra es Puigdemont, el mismo que se fugó sin avisar"

En el día de la radio, les vamos a ir contando en la radio unas cuantas cosas. Por ejemplo:

Carlos Alsina | @carlos__alsina | Madrid
| 13/02/2019

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• Cómo el gobierno de Pedro Sánchez naufraga en el Congreso de los Diputados (la votación de Presupuestos convertida en cuestión de confianza al presidente, con el resultado de que no tiene ya la confianza). El presidente resistente que ahora, además, es mudo. Mudo ante la prensa, mudo ante los diputados pero autor de hilos en twitter. 'Hilillos', mas bien, aunque en la Moncloa le enchufen el autobombo.

El fracaso de Pablo Iglesias en su papel de muñidor (desde casa) de acuerdos a la desesperada. Estuvo ayer dándole al desfibrilador de esto que él llama la mayoría de la moción de censura pero no parece que la haya resucitado. Esa mayoría, cohesionada hace ocho meses en el único objetivo de manda a Rajoy a su casa, esa mayoría infartó cuando Carmen Calvo hizo descarrilar la semana pasada el enjuague de la mesa de partidos con relator empotrado.

• Y la segunda jornada del juicio por rebelión en el Supremo: ayer tuvieron su minuto de gloria los abogados defensores, cubriendo al tribunal (la mayoría de ellos) y a la fiscalía de todo tipo de imputaciones, etiquetas y juicios de intenciones (no había lugar a réplica) pero hoy les corresponde a las acusaciones dar una versión bien distinta de la causa y más ceñida a los hechos y acciones que ahí se juzgan.

Sin novedad en las intervenciones de los abogados defensores porque todo esto ya lo habían dicho en los infinitos recursos que presentaron durante la instrucción judicial y porque volverán a decirlo cuando haya sentencia y la recurran (en caso de ser condenatoria) ante el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos. Si acaso lo interesante de ayer fue ver que Junqueras, con su abogado, lo fía todo a la denuncia de que es víctima de una persecución política, mientras Forn, que no es de Esquerra, prefiere ceñirse a la cuestión penal para sostener que no se ha probado ningún delito.

No era tampoco un secreto que había diferencia de estrategias entre los abogados como las hay entre los partidos. Muy evidente el desdén con el que acogió Junqueras ayer la presencia de Joaquim Torra en el salon de pleno. Se asomó Torra a saludar, se giraron los procesados para devolverle el saludo y permaneció impasible Junqueras. Que no olvida que el mentor de Torra es el de Waterloo, Puigdemont, el mismo que se fugó sin avisar y dejó a la mitad de su gobierno en la estacada. Ayer, primer día del juicio, Puigdemont disfrutaba de una velada ociosa en el festival de cine de Berlín. La dura vida de exiliado.

A las nueve estará aquí el señor Torra y podremos preguntarle.

El independentismo anima a Sánchez a sentarse de nuevo a negociar. ¿El qué? Lo de siempre: la autodeterminación, las dos partes en conflicto, el relator, el referéndum.

¿Y Sánchez qué dice? Pues nada. A Rajoy le reprochaban lo del plasma. Con Sánchez ya, ni plasma.

España está pendiente de si salva o no salva los Presupuestos. De si convoca o no a los españoles a las urnas. De una negociación con el independentismo poco y mal explicada. De un relator para el que el gobierno llegó a sondear candidatos.

No parece que sean asuntos ni triviales ni anecdóticos. Pero Sánchez no ha dicho una palabra. Sólo ha abierto la boca para dar mítines de fin de semana. En el Congreso de los Diputados, la cámara a la que se acude a hablar, el presidente apretó los labios al paso por la melé de periodistas, se fue para el hemiciclo y siguió como estaba. Sin decir ni mú.

¿Por qué calla Sánchez? Hipótesis más firme. Porque se resiste a dar el balón por perdido y aún confiaba ayer en recibir un whatsapp de su compadre Iglesias anunciándole que había conseguido otra ración de oxígeno: la retirada de las enmiendas a la totalidad de Esquerra y el PDeCAT a cambio vaya usted a saber de qué. Pero no llegó ese mensaje y a decir de El País, el presidente resistente asume que hoy pierde la cuestión de confianza y abrirá la boca para anunciar la convocatoria electoral.

Después de que Adriana Lastra se sorprendiera el lunes de que el independentismo lo supedite todo a la autodeterminación, ayer fue la ministra Montero la que se fingió consternada porque los independentistas no aprecian la Constitución. Pero vamos a ver, ministra, si intentaron tumbarla hace un año.

La ensoñación, lo llama la ministra de Hacienda, ensoñación de los independentistas que de tanto hablar con Carmen Calvo llegaron a la conclusión de que la mesa de partidos nacionales que ellos habían reclamado, con mediador empotrado como ellos habían reclamado, iba a ser para lo que ellos habían reclamado: sacar del Parlamento el debate, prescindir del PP y de Ciudadanos, y buscar con el PSOE y Podemos la manera de hacer pasar por constitucional la autodeterminación. Cómo pudieron llegar a pensar semejante cosa, sabiendo de la infinita claridad, ¿verdad?, con que el gobierno ha afrontado este asunto.

El debate sobre el Presupuesto fue, en realidad, un debate entre el gobierno y sus socios de la moción de censura sobre quién tiene más culpa del divorcio; y otro debate de la ministra con Casado y Rivera sobre a quién se le da mejor hacer oposición: si a la oposición contra el gobierno o al gobierno contra la oposición.

A falta de la fecha de las elecciones, lo que ya tenemos a la vista es el argumentario que va a emplear en campaña cada cual.