Una primera aproximación puede hacerse en La Fonda de la Calle Real, instalada en una antigua casa virreinal y centrada en recetas tradicionales guatemaltecas. Su carta incluye el Caldo Real, preparado con pollo, arroz y cilantro; kak’ik, un caldo de pavo con tomates, chiles, ajo, cebolla, hierbabuena y cilantro y pepián, un guiso espeso y aromático elaborado con tomates, semillas tostadas, especias y diferentes chiles.
También aparecen las hilachas, los chiles rellenos, la piloyada antigüeña, tamales, parrilladas y postres como los platanitos en mole o las torrejas en miel.

Una casa de carnes en pleno centro de Antigua
Para probar grandes cortes de vacuno, Herranz destaca Casa Escobar Antigua, con una carta que incluye lomito, entraña, puyazo y piezas para compartir como el tomahawk, además de carnes Prime y propuestas con wagyu americano. “Lo más sorprendente era la precisión con la que estaba cocinada la carne.”
Según relata, al pedir un punto determinado, la carne llegaba bien sellada por fuera y jugosa por dentro, sin necesidad de recurrir a demasiadas salsas o acompañamientos.

Comer en la calle junto a La Merced
La opción más económica aparece alrededor de la iglesia de La Merced, al final de la famosa Calle del Arco y a pocos minutos del Arco de Santa Catalina. Durante la tarde y la noche, sus alrededores se llenan de familias, vendedores y puestos donde la comida se prepara delante del cliente.
Allí se pueden probar chuchitos, pequeños tamales de maíz; tostadas con carne, pollo, guacamole o frijoles; elotes, dobladas, pupusas, rellenitos de plátano, churros y bebidas calientes como el atol. Víctor Herranz recomienda, eso sí, cierta prudencia: “En Guatemala muchas salsas no pican demasiado, pero otras parecen inocentes y de pronto, te dejan sin habla.”

Una ciudad para recorrer también a través de la mesa
La ruta puede comenzar con un desayuno de huevos, frijoles volteados, plátano frito, queso fresco, tortillas y café del país, continuar con la cocina tradicional o una casa de carnes y terminar probando establecimientos populares que forman parte de la vida cotidiana guatemalteca.
Para Víctor Herranz, detrás de las fachadas virreinales de Antigua aparece: “una ciudad muy cosmopolita, capaz de conservar los sabores más tradicionales de Guatemala y al mismo tiempo, ofrecer restaurantes de enorme calidad.”

