Carlos Alsina, Begoña Gómez de la Fuente y el físico del programa Alberto Aparici han abordado en Más de uno la actualidad astronómica a partir del caso del asteroide 2024 YR4, que durante un tiempo generó dudas sobre un posible impacto con la Tierra en 2032. Las observaciones posteriores, sin embargo, han descartado cualquier riesgo, incluso el pequeño porcentaje de probabilidad que existía de que pudiera chocar con la Luna.
A partir de este ejemplo, Aparici explicó cómo funciona la vigilancia de asteroides potencialmente peligrosos, un sistema internacional conocido como defensa planetaria. Se trata de una red de telescopios y equipos científicos que rastrean continuamente el cielo para detectar con antelación objetos que puedan aproximarse a la Tierra y calcular con precisión sus órbitas.
Durante la conversación también se recordó un suceso reciente ocurrido en Alemania, donde un pequeño meteorito atravesó el techo de una vivienda en la ciudad de Coblenza sin causar heridos. El episodio sirve como ejemplo de cómo algunos fragmentos menores pueden sobrevivir a su paso por la atmósfera y llegar a la superficie.
Un sistema de policía planetaria
Para profundizar en estos mecanismos de vigilancia y prevención, el programa contó con la participación de la astrofísica Julia de León, investigadora del Instituto de Astrofísica de Canarias y responsable en España de defensa planetaria para la Agencia Espacial Europea.
De León explicó que formar parte de este sistema de "policía planetaria" suele llegar tras una carrera consolidada en investigación espacial, tras la cual los especialistas pueden ser invitados a participar en los programas internacionales de vigilancia.
La investigadora señaló además que los asteroides más pequeños —especialmente los de menos de un kilómetro— todavía no están completamente catalogados. "Nos faltan un poco más de la mitad", explicó, por lo que uno de los principales objetivos de la comunidad científica es seguir detectando y registrando el mayor número posible de estos objetos.
Afortunadamente, añadió, los cuerpos más pequeños —y por tanto más difíciles de identificar— suelen desintegrarse en la atmósfera antes de alcanzar el suelo. Por eso, casos como el del meteorito que atravesó una vivienda en Alemania son muy poco frecuentes. De hecho, la astrofísica bromeó con cierta envidia científica: "A mí me habría gustado que cayese en mi casa".
También lamentó que, en muchos casos, todavía impera una especie de ley de la selva en lo relativo a la propiedad de los meteoritos que caen en la Tierra. A su juicio, lo ideal sería que estos fragmentos se entregaran a centros especializados para poder estudiarlos adecuadamente.
Cómo desviar un asteroide
En el caso de detectar un posible impacto de un asteroide de gran tamaño, el sistema de defensa planetaria trabaja en distintas estrategias para desviar su trayectoria. Como ejemplo, De León mencionó el experimento DART de la NASA, en el que se lanzó una nave contra un asteroide con el objetivo de modificar su órbita como prueba de este tipo de tecnología.
Actualmente, la Agencia Espacial Europea desarrolla nuevas investigaciones en este ámbito a través de la misión Hera, diseñada para estudiar con mayor detalle los efectos de ese impacto y mejorar las estrategias de defensa planetaria.
Según explicó De León, a partir de unos 100 metros de diámetro un asteroide puede empezar a considerarse potencialmente peligroso. Sin embargo, subrayó que si se conoce con precisión su posición y trayectoria, es posible predecir con bastante exactitud dónde podría caer y actuar con antelación.
