La Audiencia de Barcelona ha celebrado un juicio este miércoles en la sección 3º que implica a un exmosso d'esquadra que habría cargado las multas por exceso de velocidad de su madre a turistas extranjeros, según afirma La Vanguardia.
El agente trabajaba en el Palau de la Generalitat en el momento de los hechos, allá por abril de 2013. Su madre había recibido hasta tres multas por exceso de velocidad, dos ellas en 2012 y otra en 2013, año en el que al exagente de los Mossos se le ocurrió la idea de entrar a la zona de objetos perdidos del Palau.
En aquella visita, el mosso aprovechó para coger dos permisos de conducir. Eran los de un británico llamado Christopher y una italiana llamada Alice. El plan parecía a priori sencillo: recurrir ante el Servei Català de Trànsit para indicar que su madre no conducía el vehículo en el momento de la sanción, sino que lo hacían estas personas extranjeras.
El plan del mosso: afirmar que dos extranjeros conducían el coche y no su madre
Así, el exmosso recurrió la multa incluso adjuntando el permiso de conducir de estos extranjeros, pero para su sorpresa negativa, la sanción acabó llegando a su destino. Los Carabinieri italianos transfirieron a los Mossos d'Esquadra la denuncia de Alice, que declaró que en su viaje a Barcelona solo se desplazó en transporte público y no llegó a conducir vehículos.
Al igual que Christopher, que también aseguró en el juicio que nunca había conducido un Volvo en la Ciudad Condal. Para mayor indicio, el de Alice, que ya había vuelto a Italia cuando se produjo la denuncia. Solo bastó una comprobación por parte de los Mossos para confirmar que efectivamente no era posible que esta ciudadana italiana condujera el vehículo en el momento de la sanción.
Por si no fuera poco, a las infracciones cometidas en 2012 se sumó la última, la de julio de 2013, que el exagente también intentó cargar a Christopher. La investigación también concluyó que ninguno de los dos extranjeros tenía relación con la madre del exagente. La Fiscalía solicita ahora una pena de 12 años de cárcel, aunque la pena puede reducirse de manera drástica al haber pasado más de diez años.
El agente alega en su defensa que su hermana tenía un novio en la Guardia Urbana en el momento en el que sucedieron estos hechos. Todo ello, para evitar una inhabilitación inevitable, puesto que la Fiscalía le acusa de dos delitos de revelación de secretos y dos más de falsedad documental.

