Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Es una historia real. Como la vida política misma. Érase una niña de diez años que, en 1992, merendaba bocadillos de Nocilla.
La niña, comiendo Nocilla sentada ante el televisor, le dijo de repente a su madre: 'Mamá, de mayor quiero ser como Felipe González'. Ya está, ésta es la historia. No me dirán que no es hermosa. Pura ternura. ¿Y tú qué quieres ser de mayor, niña?' '¿Yo? Felipe González'.
Digo que la historia es real porque la ha contado, en deliciosa evocación autobiográfica, Rebeca Torró. Que, como usted sabe, es… No, da igual, no lo sabe. Es la número tres del partido socialista de ahora. Secretaria de organización y superiora de Borja Cabezón, adjunto a la secretaria de organización, amigo íntimo de Pedro Sánchez y, según la información que acaba de publicar El Confidencial, responsable de una sociedad mercantil que utilizó durante años para eludir el pago de impuestos.
Él controla una sociedad que opera en España, Divinal SL, pero se busca un socio en el Reino Unido que en realidad no tiene actividad alguna y sirve solo como tapadera para poder adjudicarle la mayor parte de los ingresos y evitar, así, tributar por ellos en España.
Borja Cabezón intentó ser alcalde de Majadahonda, luego estuvo con Sánchez en Moncloa, luego le intentó colocar en la Casa de América, luego le colocó de Embajador para la Covid, luego lo volvió a colocar al frente de una empresa pública. Y ahora es el adjunto de Rebeca Torró en Ferraz. Torró, de niña, felipista, y de adulta, sanchista. Qué precocidad orgánica.
Felipe era una referencia para niñas de diez años. Qué me estás contando. Lo que oyes. Quién sabe si ahora lo será Sánchez. '¿Tú qué quieres ser de mayor, niña?''¿Yo? Como Pedro Sánchez'. '¿Voluble, quieres decir?' 'No, perseguidor de tecnoligarcas'.
Treinta años después de aquel bocata de Nocilla, la señora Torró descarta que Felipe pueda seguir inspirando a niñas de diez años salvo que sean niñas muy de derechas o muy de Page, que para ella, por lo que describe, viene a ser una misma cosa. Page es ese compañero socialista que ha comprado el marco del Partido Popular, ya le vale teniendo el marco del PSOE, que es el que se decide en Ferraz.
Me permito leer la pregunta a la que respondía la secretaria de organización con esta respuesta. La pregunta era: 'Ha dicho Page que sería mejor celebrar elecciones generales antes que municipales porque carece de sentido que se hunda toda la infantería para que siga existiendo el cuartel general'. Y responde Torró:
Pero si lo ha dicho Page, no el PP. Esto es contagioso. El otro día le preguntaron a Milagros Tolón, que usted no lo sabe pero es ministra y antes fue alcaldesa de Toledo (infantería) antes de perder el cargo en las elecciones de 2023, por lo que había dicho su colega de gabinete Óscar López sobre Javier Lambán y dijo Tolón:
Pero si es el PSOE de Aragón el que se levantó en armas. En ocasiones, veo PPs. Son socialistas los que dicen cosas y arman lío pero nosotros no entramos al juego del PP.
Sobre esto de Page y cómo compra marcos de la derecha han tirado de ironía los subordinados de Page en el partido. Respondiéndole a la secretaria de organización, con todo el afecto, que para comprar marcos del PP les gana todas las elecciones a los del PP, que estaría bien rebatir las críticas con algún argumento en lugar de alinear al PSOE de Castilla La Mancha con la derecha, y que después de dos derrotas embarazosas en Extremadura y Aragón, ya podía hacer Ferraz un esfuerzo para explicar qué ha pasado en lugar de echarle la culpa a los demás, difuntos incluidos.
Hasta ahora, la dirección del Partido Socialista, versión extendida de Sánchez (y sólo Sánchez) ha encontrado estas dos explicaciones a su doble naufragio en Extremadura y Aragón:
- Una, que el problema ha sido preguntar a los votantes. Oye, si no hubiera habido urnas, no habría podido comprobarse el hundimiento de la marca socialista, eso es así.
- Dos, que no es que el partido pierda votantes, es que son sus votantes lo que han perdido movilidad. El verbo comodín es movilizarse. Justo lo que, según Ferraz, iba a conseguirse renovando los liderazgos territoriales a base de ministros y bla, bla, bla, pero que parece que aún no ha empezado a producirse.
El momento que espera Sánchez
Doce páginas antes de la entrevista a la número tres del PSOE, que tanto ha interesado a la federación de su partido en Castilla La Mancha -puede que sea la única federación a la que ha interesado-, El País publicaba ayer un análisis sobre el esfuerzo de Sánchez por erigirse en líder mundial contracorriente y alternativo a Trump. Leo: "Sánchez cree que este papel internacional suyo de gran referente del progresismo puede servir, llegado el momento, para movilizar a la izquierda española".
Al leerlo subrayé: "Llegado el momento". Cuál será el momento y cuándo llegará. No parece que tenga mucho misterio: llegado el momento será cuando sea él quien se la juegue en las urnas, no los Gallardos o las Pilares Alegrías o los Carlos Martínez. Ni siquiera las María Jesús Montero, por muy número dos del Partido Socialista que sea. "Llegado el momento" es cuando él mismo convoque elecciones generales.
Entretanto, ya se puedeN hundir todas y cada una de las federaciones de su partido que el gran timonel ni se da por aludido. No pasa nada porque en todas las regiones donde la izquierda perdió el poder en 2023, dos años y medio después carezca de opciones para recuperarlo. No pasa nada porque ya llegarán las generales y Sánchez conseguirá volver a perderlas, como en 2023, pero con opciones de que Puigdemont vuelva a prestarle sus escaños para convertir la precariedad en resistencia.
Ya dice la dirección del PSOE, en un esfuerzo de análisis encomiable, que hay que pactar con quien toque porque ya no estamos en época de mayorías. De mayorías absolutas, se entiende. Díselo a Alfonso Rueda, PP, en Galicia. Díselo a Juanma Moreno, PP, Andalucía. Díselo a Ayuso, PP, en Madrid. Y díselo a Page, PSOE que compra el marco al PP, según Ferraz, en Castilla La Mancha.
El compromiso del PP con Vox
Sostiene Feijóo que su objetivo es que el PP gobierne España en solitario, un gobierno fuerte y monocolor, pero que, chico, hay que estar a lo que los electores digan. Y en el PP ya han decidido que lo que los electores dicen cuando ellos se quedan cortos de escaños y Vox duplica los que tenía es que tienen que gobernar en coalición. Interpretando a los votantes. Es más, le dijo ayer Feijóo a El Mundo que los votantes de Vox no votan a Vox para que supere al PP, sino para que lo apoye.
Podría parecer que los votantes de Vox a lo que aspiran es a que su partido sea el que más votos tenga y el que más poder acumule y el que en más sitios gobierne para acabar con el bipartidismo (eso es lo que predica Vox), pero bueno, si el PP cree que el votante de Vox sólo anhela una posición gregaria y de costalero, pues bien está.
Queda claro en la entrevista que lo de no meter a Vox en el Gobierno de España no pasa de ser un deseo. Es un deseo, no un compromiso. Mucho menos un principio. Feijóo se reafirma en lo que dijo el pasado mes de julio en el Congreso de su partido.
Yo quiero. Feijóo no pasó de ahí, el deseo. Pero ocurre que al día siguiente salió Tellado, su Tellado, y dijo, primero en conversación sin micrófonos y luego en este programa, que no era solo un deseo. Era un compromiso.
Ahora ha vuelto Génova a la casilla anterior. Desea gobernar sin Vox pero oye, si los electores lo mandan, pues a gobernar con Vox. Ya se sabe que interpretar el mandato de las urnas en el sentido que a uno le conviene es norma de conducta en política. Sánchez no iba a gobernar con Podemos hasta que se quedó corto de escaños en 2019 y alegó que el mandato de las urnas era que gobernara con Podemos. Iba a traer a Puigdemont al juzgado hasta que se quedó corto de escaños en 2023 y alegó que el mandato de las urnas era entenderse con Puigdemont. Cómo resistirse al mandato de los electores, ¿verdad?

