Desde hace algunos años, otros productos del tabaco y sucedáneos se han colado en los mercados, sobre todo con la lupa puesta en los más jóvenes. Se trata de los vapeadores, unos productos que actualmente cuentan con miles de sabores diferentes y que están demasiado normalizados entre la población adolescente.
Algunos factores importantes, como la ausencia de avisos de riesgo de consumo y una sensación de seguridad absolutamente falsa, han llevado a los jóvenes a utilizar estos vapeadores. En España, el uso de cigarrillos electrónicos continúa siendo elevado en estudiantes de 14 a 18 años, según apunta la última encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias. De hecho, la mitad de los adolescentes confirma haberlos usado alguna vez, aunque es cierto que el consumo desciende a partir de la mayoría de edad.
"Solía fumar uno o dos vapers al día, depende", confiesa Daniel Martín, joven de 18 años que ya ha sufrido las consecuencias de los cigarrillos electrónicos. "Empecé en sexto de primaria, con unos 12 años", detalla en Por fin. "Era algo que hacían todos, todo el mundo fumaba".
700 caladas diarias
A su corta edad ya ha sufrido un edema pulmonar por dar, aproximadamente, unas 700 caladas diarias a su vaper. Esta cifra equivale a unos 35 cigarrillos al día. "Hace unos meses, en diciembre, me apunté al gimnasio y me notaba asfixiado con lo mínimo que hacía", recuerda. "Por ejemplo, subía una escalera y me asfixiaba. En ese momento me preocupé y fui al médico a preguntar qué me pasaba".
Tras acudir al centro médico, recuerda que le hicieron algunas pruebas y le agendaron cita con el especialista. Fue en ese momento cuando llegó su diagnóstico: "Me dijeron que tenía un edema pulmonar incipiente. Es decir, se me estaba empezando a encharcar un pulmón". Recuerda que el personal médico le dijo que si iba a fumar, "mejor un cigarro, porque no es tan dañino como el vaper", siempre teniendo en cuenta el riesgo de cáncer. "El vaper es más dañino a corto plazo".
Estos productos, como bien apunta Daniel, "tienen sabores muy exóticos". Él confiesa que son muy fáciles de conseguir aunque seas menor de edad: "Te venden los vapers como si fueran gominolas, los consigues en cualquier lado". De hecho, asegura que nunca le preguntaron si era mayor de edad: "No me pedían el DNI, es muy fácil comprarlo".
Escasa concienciación social
Respecto a la opinión de sus padres, el joven admite que sabían que él fumaba. "Les daba un poco igual porque no era tabaco y pensaban que no era dañino. Estaba muy normalizado, todo el mundo fumaba", insiste.
Ahora, después de su experiencia, Daniel tiene un mensaje claro para los más jóvenes: "Que lo dejen", aunque eso sí, asegura que muchos no se lo toman en serio. "A mis amigos que fuman les da igual, pero la gente se lo toma a risa", confiesa. "Llevo sin fumar desde antes de Año Nuevo, desde que me pasó todo esto; veo el vaper como una droga, como algo asesino".
