ELECCIONES EN ISRAEL

Las elecciones en Israel dejan a Netanyahu sin una mayoría clara y abren una batalla por formar Gobierno

Los sondeos a pie de urna sitúan a los bloques del primer ministro y de su principal rival, Gadi Eisenkot, muy lejos de los 61 escaños necesarios para gobernar en solitario con mayoría parlamentaria. La participación alcanza el 77,7 %, su nivel más alto desde 1999, en unos comicios marcados por las consecuencias del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las guerras posteriores.

Rafa Sanz del Río | Agencias

Madrid |

Se observan carteles de Gadi Eisenkot —exjefe del Estado Mayor de Israel y líder del partido Yashar— (a la derecha) y de Benjamin Netanyahu —primer ministro y líder del partido Likud— (a la izquierda), a medida que se intensifican las campañas electorales a dos días de la votación. Los carteles de los candidatos aparecen exhibidos en vallas publicitarias y edificios a lo largo de las calles, de cara a las elecciones a la Knéset programadas para el 27 de octubre; la imagen fue captada en Tel Aviv, Israel, el 25 de octubre de 2026.
Se observan carteles de Gadi Eisenkot —exjefe del Estado Mayor de Israel y líder del partido Yashar— (a la derecha) y de Benjamin Netanyahu —primer ministro y líder del partido Likud— (a la izquierda), a medida que se intensifican las campañas electorales a dos días de la votación. Los carteles de los candidatos aparecen exhibidos en vallas publicitarias y edificios a lo largo de las calles, de cara a las elecciones a la Knéset programadas para el 27 de octubre; la imagen fue captada en Tel Aviv, Israel, el 25 de octubre de 2026. | Nir Keidar/Anadolu via Getty Images

Las elecciones legislativas celebradas en Israel han desembocado en un escenario de bloqueo político que amenaza la continuidad de Benjamín Netanyahu al frente del Gobierno, aunque todavía no garantiza su salida del poder. Los sondeos a pie de urna difundidos por las principales cadenas de televisión israelíes dibujan un Parlamento fragmentado, sin una mayoría suficiente para que ninguno de los dos grandes bloques pueda formar Gobierno con facilidad.

Las primeras proyecciones sitúan al bloque encabezado por Netanyahu en torno a los 51-52 escaños, mientras que las formaciones opositoras lideradas por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot obtendrían aproximadamente 49-51 diputados, según la cadena que realiza la estimación. Las diferencias entre los sondeos impiden establecer un vencedor definitivo y obligan a esperar al escrutinio oficial.

La cifra decisiva son los 61 escaños que necesita cualquier coalición para alcanzar la mayoría absoluta en la Knéset, el Parlamento israelí, compuesto por 120 diputados. Ninguno de los dos bloques parece contar, por ahora, con una vía sencilla para alcanzar ese umbral sin recurrir a acuerdos con otras formaciones.

Los resultados provisionales apuntan así a un revés para Netanyahu, pero también a una victoria incompleta de sus adversarios. La posibilidad de que el primer ministro permanezca en funciones mientras se negocia una nueva coalición, o incluso hasta la convocatoria de otros comicios, mantiene abierta la incertidumbre política.

Eisenkot capitaliza el desgaste de Netanyahu

El exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot se ha consolidado como el principal rival de Netanyahu al presentar su candidatura como una alternativa de liderazgo y una oportunidad para abrir una nueva etapa política. Su discurso combina una posición de firmeza en materia de seguridad con críticas a la gestión del actual Ejecutivo y a su responsabilidad política por los fallos que precedieron al ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Eisenkot ha interpretado las proyecciones electorales como una señal de rechazo a la continuidad del actual primer ministro y ha defendido la formación de un Gobierno alternativo. Sin embargo, su capacidad para convertir ese resultado en una mayoría parlamentaria sigue siendo incierta: las formaciones que se oponen a Netanyahu mantienen diferencias ideológicas y estratégicas que podrían complicar las negociaciones.

Netanyahu, por su parte, ha reivindicado la posición de su partido, el Likud, y ha reclamado la formación de un Gobierno nacional de derechas. Aunque las proyecciones sitúan a su formación como la fuerza individual más votada, el resultado de sus aliados no parece suficiente para asegurar la continuidad de la coalición que ha sostenido su Ejecutivo.

La distinción es importante: ser el partido con más escaños no equivale necesariamente a poder formar Gobierno. En el sistema parlamentario israelí, el resultado depende de la capacidad de las distintas formaciones para reunir apoyos y construir una coalición viable.

La participación alcanza su nivel más alto en más de dos décadas

Uno de los datos más destacados de la jornada ha sido la elevada movilización electoral. Según la Comisión Electoral Central de Israel, la participación se situó en el 77,7 %, aproximadamente siete puntos porcentuales por encima de la registrada en las elecciones de 2022 y en su nivel más alto desde 1999.

La afluencia a las urnas refleja la importancia que numerosos ciudadanos atribuyen a estos comicios, celebrados en un contexto de fuerte polarización política y social. La seguridad nacional, la responsabilidad por los fallos que permitieron el ataque del 7 de octubre, la guerra en Gaza y los conflictos posteriores han condicionado una campaña en la que el balance del liderazgo de Netanyahu ha ocupado un lugar central.

La participación también ha sido especialmente relevante entre los ciudadanos árabes de Israel, que representan aproximadamente una quinta parte de la población. Su movilización podría tener consecuencias directas en el reparto de escaños y en las posibilidades de las distintas fuerzas para alcanzar una mayoría parlamentaria.

Durante la jornada se denunciaron retrasos en varios colegios electorales de localidades árabes. La Asociación para los Derechos Civiles en Israel solicitó que se investigara si esas demoras podían estar dificultando el ejercicio del voto. Estas denuncias deben distinguirse de las irregularidades que pudieran acreditarse oficialmente: por sí solas, no demuestran que se haya producido una manipulación electoral.

El aumento de la participación tampoco permite concluir, sin datos desglosados definitivos, qué bloque ha resultado más beneficiado. Su efecto dependerá del reparto de los votos entre las candidaturas y de cuántas superen el umbral electoral necesario para obtener representación.

Los partidos árabes pueden convertirse en decisivos

Las proyecciones atribuyen a las formaciones árabes entre 17 y 19 escaños en conjunto, dependiendo del sondeo. De confirmarse unas cifras de esa magnitud, estas candidaturas podrían desempeñar un papel determinante en las negociaciones posteriores a las elecciones.

No obstante, su influencia potencial se enfrenta a un obstáculo político importante. Tanto Netanyahu como Eisenkot han expresado reservas o rechazado la posibilidad de incorporar partidos árabes a sus respectivas coaliciones de Gobierno. Esta posición reduce las opciones de alcanzar una mayoría convencional, aunque no elimina todas las alternativas.

Una de ellas sería la formación de un Gobierno minoritario que recibiera apoyo externo de determinados partidos o que pudiera superar una votación parlamentaria gracias a su abstención. Esta posibilidad dependería de las condiciones políticas que exigieran las formaciones árabes y de la disposición de otros partidos opositores a aceptar esa fórmula.

El resultado también aumenta el peso negociador de las formaciones religiosas y nacionalistas. Los partidos ultraortodoxos y las fuerzas de derecha radical aliadas con Netanyahu podrían exigir concesiones políticas, presupuestarias o legislativas a cambio de apoyar un nuevo Ejecutivo.

Según las proyecciones recogidas por la prensa israelí, las formaciones de Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich obtendrían conjuntamente alrededor de 13 escaños. Aunque el resultado supondría un retroceso respecto a las expectativas que habían acompañado a algunos de estos partidos, su capacidad para influir en la formación del Gobierno dependerá de la aritmética parlamentaria final.

El 7 de octubre y las guerras posteriores marcan el voto

Estos comicios son los primeros de ámbito nacional desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, que desencadenó la guerra en Gaza y abrió una etapa de enfrentamientos regionales con repercusiones en Líbano e Irán.

El balance de la respuesta militar israelí, la situación de los rehenes, la seguridad de las comunidades cercanas a Gaza y la responsabilidad política por los fallos de inteligencia han sido elementos centrales del debate electoral. Netanyahu ha defendido sus decisiones y los resultados de las operaciones militares israelíes, mientras que sus adversarios han cuestionado su liderazgo y la capacidad del Gobierno para garantizar la seguridad del país.

La campaña también se ha desarrollado en medio de las críticas internacionales a la actuación israelí en Gaza y del deterioro de sus relaciones con parte de sus socios exteriores.

Eisenkot ha intentado aprovechar el desgaste del primer ministro sin presentarse como un candidato partidario de una ruptura radical con la doctrina de seguridad israelí. Su trayectoria militar y sus posiciones firmes frente a Hamás le permiten competir por el voto de sectores que cuestionan a Netanyahu, pero que también consideran prioritaria la defensa nacional.

Esta combinación ayuda a explicar por qué las elecciones no se han traducido en una división sencilla entre partidarios de una política de seguridad dura y defensores de una alternativa más moderada. El principal enfrentamiento electoral gira también en torno a quién debe dirigir el país y quién merece asumir la responsabilidad por los acontecimientos de los últimos tres años.