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Analizamos ‘Pingüino, dolor y prejuicio’ que edita la ECC Ediciones

Las formas y el fondo

El Pingüino es uno de los villanos más conocidos de Batman. Un personaje que apareció por primera vez en 1941 y que a diferencia del resto de ‘enemigos mortales’ de Bruce Wayne, no tiene problemas mentales. Sus problemas derivan todos de su físico, que le ha provocado la mayoría de sus traumas. Unos traumas que arrancan en su más tierna infancia, cuando su propia familia le rechaza. Desde ese momento Oswald Cobblepot se promete a sí mismo que algún día devolvería uno por uno los golpes recibidos. Y así es como va dando forma a El Pingüino. Esta es la historia base del personaje y muchas han sido las interpretaciones que guionistas de todo tipo han hecho en sus 71 años de vida. Hoy analizamos la que pretende ser más oscura y adulta hasta la fecha: ‘Pingüino, dolor y prejuicio’.

David Gabás | Madrid | 14/01/2013

La portada de "Pingüino. Dolor y prejuicio", que publica ECC Ediciones.

La portada de "Pingüino. Dolor y prejuicio", que publica ECC Ediciones. / Héroes y Villanos

Y decimos que pretende serlo, porque desgraciadamente y bajo nuestro punto de vista no lo consigue. Una oportunidad perdida y es una pena porque está claro que la DC había apostado fuerte dedicando una miniserie al personaje. El elegido para los dibujos es Szymon Kudranski, que sin lugar a dudas consigue dar a la historia una ambientación perfecta, oscura y seria… Unas viñetas a las que por desgracia el guión no acompaña, pero vamos por partes.

La historia que nos presenta Gregg Hurwitz pretende ser un completo repaso a la figura de El Pingüino. No sólo de sus orígenes, sino también de la evolución psicológica del personaje. El guionista nos sitúa frente a un Oswald Cobblepot adulto, que maneja los hilos de sus negocios fraudulentos desde su lujosa sala de fiestas Iceberg. Una voz en off, que es la del propio Oswald, nos cuenta cómo el temor que infunde y el respeto que genera su “peculiar” figura se sustenta en dos cosas: el dinero y el poder. Porque tal y como recuerda varias veces durante la historia, “Lo que Oswald quiere… Oswald lo consigue”. A partir de aquí y mediante flashbacks el guionista nos va contando la historia del pequeño niño deforme que es repudiado por su padre y hermanos. Sólo su madre le trata con cariño, lo que convierte el amor de Oswald por ella en algo enfermizo.

Bien, hasta aquí nada que objetar. El planteamiento es bueno, los dibujos –lo repetimos una vez más- más que adecuados, y las reflexiones que la voz en off del propio Oswald hace son acertadas. Pero el guión no acompaña. Es demasiado simple. Demasiado obvio en los planteamientos. Demasiado fácil en lo que se refiere a las burlas que sufre de sus hermanos. En las frases que utiliza su padre para repudiarle. Que tuvo una infancia mala todos los sabemos, pero podría haber sido muuuuucho peor de lo que se nos plantea en esta historia. Lo mismo sucede con su relación con Cassandra, su amante ciega. Y para muestra, un botón: Cuando ve por primera vez a esta mujer –recordamos, ciega de toda la vida y por lo tanto acostumbrada a ver con sus manos- ella está acariciando un hurón que sostiene el empleado de un zoo. Y ella –recordamos, ciega de toda la vida- confunde al animalito con la pata de un animal enorme (¡¡¡¡!!!!). Unos niños malvados y crueles que presencian la escena se ríen de ella mientras le señalan con el dedo (¡¡¡¡!!!!). Oswald les espanta con su paraguas. Le pregunta si está bien y ella dice “menos mal que me acostumbré a que se burlasen de mí cuando era pequeña. Tengo mucha práctica, ¿sabe?" Y claro, nuestro querido Oswald se ve reflejado a sí mismo en esta adorable a la par que frágil mujer, a la que decide acoger y proteger (¡¡¡¡!!!!). Suficiente, ¿no?

En definitiva, un quiero y no puedo de guión, del que sólo salvamos algunas de las reflexiones que hace Oswald mediante la voz en off, los momentos voy a destruir toda tu vida y la de los que te importan –las venganzas de Oswald- que sí que van un poco más allá, y por encima de todo la conversación que mantiene El Pingüino con los policías, que es lo más serio que se puede encontrar en un guión de lo más normalito. Y eso que en el material extra se asegura que Gregg Hurwitz es un reputado novelista de intriga y la apuesta más importante de DC. Desde luego aquí –y siempre bajo nuestro punto de vista- no ha estado a la altura de un proyecto que podría haber sido algo más. Y es que los dibujos en ocasiones recuerdan al Joker de Brian Azzarello y Lee Bermejo. Lástima que en el caso que nos ocupa el guión sea del montón, porque este podría haber sido un cómic de los que dejan huella, y no uno con el que pasar un rato entretenido. Porque aunque las formas sean buenas, si la historia no tiene fondo... ¿no?

Edición original: Penguin: Pain & Prejudice

Publica: ECC Ediciones

Guión: Gregg Hurwitz

Dibujo: Szymon Kudranski

Formato: Cartoné, 120 págs. Color.

Precio: 13.95 €