Universo Maite

El crimen de La Perla: la mujer que estremeció a la Murcia del siglo XIX

Universo Maite, una idea de Confitería Maite para Onda Cero, que abre el ciclo Murcia negra con el 'crimen de La Perla' y el análisis histórico, social y judicial de uno de los casos más estremecedores del siglo XIX en Murcia.

Julián Vigara

Murcia |

Cristina Roda, profesora de Historia Contemporánea de la UM

El espacio Universo Maite, producido por Confitería Maite dentro del programa Más de uno Región de Murcia en Onda Cero, ha abierto un nuevo ciclo de divulgación histórica centrado en la denominada Murcia Negra, una mirada a los crímenes reales y a la cultura del castigo público que marcaron la vida social de la ciudad entre los siglos XIX y XX.

El primer espacio de esta serie aborda el conocido como 'crimen de la Perla', uno de los sucesos más impactantes de la crónica negra murciana. Un asesinato por envenenamiento ocurrido en 1893 que conmocionó a la ciudad y que concluyó con una ejecución pública por garrote vil que congregó a decenas de miles de personas en la entonces Ronda de Garay.

Para reconstruir los hechos, el programa ha contado con la participación de Cristina Roda, profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Murcia. La historiadora explicó que el suceso tuvo lugar en la pensión La Perla, situada en la calle San Antonio, regentada por Josefa Gómez Pardo, quien fue acusada de envenenar con estricnina a su marido en la noche del 8 de julio de 1893. El crimen tuvo además una segunda víctima, una joven criada de apenas 14 años que bebió los restos del café contaminado.

La investigación y el posterior juicio despertaron una enorme expectación social y mediática. Josefa Gómez fue condenada a pena de muerte por garrote vil, mientras que su amante, Vicente del Castillo, funcionario y huésped de la pensión, fue sentenciado a cadena perpetua, una diferencia de trato penal que refleja con claridad la mentalidad jurídica y moral de la época.

Según explicó Cristina Roda, en la condena de Josefa pesaron no solo el delito de parricidio, sino también el adulterio, considerado entonces una grave desviación social. La combinación de ambos factores convirtió a la acusada en un símbolo del castigo ejemplarizante hacia las mujeres que transgredían el modelo social dominante. El indulto fue solicitado hasta el último momento, pero el Gobierno presidido por Cánovas del Castillo lo denegó con el objetivo de dar un escarmiento ante el aumento de los denominados crímenes pasionales.

La ejecución de Josefa Gómez Pardo se celebró de forma pública y fue presenciada, según las estimaciones de la época, por más de 30.000 personas, convirtiéndose en un auténtico espectáculo de masas. Este ajusticiamiento fue, además, la última ejecución pública de una mujer en España mediante garrote vil, un hecho que subraya la dureza del sistema penal del siglo XIX.

Horas antes de morir, Josefa otorgó testamento, dejando como herederos a sus dos hijos menores, Francisco y María. Su caso pasó a la historia no solo por la brutalidad del castigo, sino como un reflejo de la desigualdad jurídica, social y moral que sufrían las mujeres en aquel tiempo.