Hoy venía pensando en… como la selección española nos unió a todos.
Algo que parece impensable hoy en día con una sociedad tan polarizada como la que vivimos. La selección de Luís de la Fuente consiguió a lo largo del Mundial que todos olvidarámos nuestras diferencias, nuestras ideologías, nuestros colores, nuestras creencias para juntarnos en torno a un mismo sentimiento: la pasión por la selección española. El fútbol como unión de todo un país. Ese es el poder y la fuerza que a veces tiene.
Pero no hemos aprendido nada. Pasada la euforia y la celebraciób algunos han decidido volver a sus trincheras para comenzar de nuevo sus guerras particulares. Nada nuevo. Pero lo que si me molesta es que se utilice la imagen de nuestros campeones del mundo como excusa para volver a esa división. Que si el saludo frío de Baena a Sánchez, que si el saludo cariñoso de Borja al Presidente y frío a Trump, que si el cántico de Rodri en la celebración de “viva España, viva el Rey”, que si los pisos en los que ha invertido Ferran. Otra vez más cualquier munición es buena para generar división y odio.
No me gusta. Vivimos en una sociedad repleta de hipocresía. Tan pronto un alcalde de un partido quiere nombrar a Ferran hijo predilecto de su pueblo como un compañero suyo le critica por tener invertido su dinero en pisos. Tan pronto alabamos el discurso del Papa buscando la concordia como al día siguiente volvemos a los discursos de odio. Tan pronto nos sentimos orgullosos y unidos ante nuestra selección como al día siguiente utilizamos a estos mismos futbolistas en nuestro beneficio particular para volver a dividirnos. En esas estamos, por desgracia.
Pues yo me quedo con la imagen del domingo. Esa en la que millones de españoles compartimos nuestro sentimiento de felicidad al ver a nuestra selección ganar su segunda estrella. Esa en la que todos nos abrazábamos al de al lado sin pararnos a pensar ni en su ideología, credo, raza o lo que fuera. Porque eso tiene que ser el fútbol: un motor de unión. Y porque eso… eso debería de ser nuestra sociedad. Aprender a convivir con respeto con quien no piensa como tú.

