Variedades prefiloxéricas

Arqueología vegetal para 'Ochenta y siete cubos', los nuevos vinos de la Cooperativa de Viver

Ochenta y sietes cubos es el nombre de los nuevos vinos de la Cooperativa de Viver elaborados con las recuperadas variedades prefiloxéricas Pampolat y Morenillo

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Arqueología vegetal para 'Ochenta y siete cubos', los nuevos vinos de la Cooperativa de Viver
Arqueología vegetal para 'Ochenta y siete cubos', los nuevos vinos de la Cooperativa de Viver | onda cero

La Cooperativa de Viver da un paso decisivo en la revitalización de la tradición vitivinícola de la comarca castellonense del Alto Palancia con el lanzamiento de los vinos Ochenta y Siete Cubos Pampolat y Ochenta y Siete Cubos Morenillo. Con una producción limitada de su primera añada de 230 y 332 botellas respectivamente, estos vinos elaborados a partir de uvas autóctonas anteriores a la plaga de la filoxera, que arrasó los viñedos de Viver en 1915, son el fruto de un intenso y delicado trabajo de arqueología vegetal que fusiona historia, innovación y compromiso con el medio rural.

La presentación oficial de este nuevo proyecto enológico de la Cooperativa de Viver se celebró en el Restaurante Joaquín Schmidt en Valencia, con la presencia de David Carot, presidente de la cooperativa; Fernando Marco, director gerente; Paco Ribelles, director del Área Agro, y Cati Corell, directora de Producto y Agroturismo, además de medios y profesionales del sector que han podido catar estos vinos singulares y conocer de primera mano la tradición vitivinícola de Viver y el proceso de recuperación de estas variedades locales.

Vinos viver
Vinos viver | onda cero

Un homenaje al legado vitivinícola del Alto Palancia

El nombre "Ochenta y Siete Cubos" rinde homenaje a los 87 cubos lagares de piedra que, desde el siglo XVI, fueron esenciales para la elaboración artesanal del vino en Viver, simbolizando el legado y la identidad de este territorio. Tras cinco años de trabajo en el proyecto de recuperación de estas variedades, la Cooperativa de Viver ha logrado reinstaurar cepas históricas como la Pampolat y la Mondragón, junto con la tradicional Morenillo, elevando la calidad y el carácter de sus vinos. “Estamos emocionados de presentar los vinos Ochenta y Siete Cubos porque son el reflejo de la riqueza de nuestro patrimonio enológico,” señala Fernando Marco, director gerente de la Cooperativa de Viver. “Estos vinos, elaborados con variedades que parecieron haberse perdido, son el resultado de un esfuerzo colectivo por recuperar y revalorizar nuestra historia vitivinícola. Con este lanzamiento, queremos posicionar a Viver y el Alto Palancia como referentes en el mercado de vinos autóctonos.” Un proceso de recuperación con base científica y colaboración institucional

La recuperación de las variedades prefiloxéricas Pampolat, Mondragón y Morenillo ha sido posible gracias a la colaboración entre diversas instituciones y expertos en viticultura. Desde el servicio de Sanidad Vegetal de la Generalitat Valenciana, la Cooperativa de Viver pudo conocer que en el Alto Palancia existieron viñas de Pampolat y Mondragón, que ya habían sido documentadas a principios del siglo XX por el agrónomo Nicolás García de los Salmones, pionero en el estudio de las variedades vitícolas españolas, así como la Morenillo, que había conseguido sobrevivir en otros territorios. El Centro de Conservación y Mejora de la Agrodiversidad Valenciana (COMAV) de la Universidad Politécnica de Valencia analizó genéticamente los ejemplares obtenidos para confirmar que, efectivamente, se trataba de las variedades Pampolat y Mondragón. Asimismo, el Centro de Ampelografía y Viticultura y Banco de Germoplasma de Vid “El Encín” de la Comunidad Autónoma de Madrid realizó un profundo análisis de caracterización de ambas uvas, tras lo cual la Cooperativa de Viver consiguió que se registrasen como uvas de vinificación en el Registro Vitícola de la Comunidad Valenciana. Una elaboración con enfoque artesanal Los vinos Ochenta y Siete Cubos se han elaborado utilizando damajuanas de cristal de 50 litros para preservar su pureza y delicadeza, apostando por un enfoque artesanal. Por el momento se han utilizado las variedades Pampolat y Morenillo, a la espera de que Mondragón exprese también todo su potencial