Durante décadas, nadie ha discutido que el restaurante más antiguo del mundo está en Madrid. Se llama Casa Botín y, según el Libro Guinness de los Récords, lleva funcionando desde 1725. Pero… ¿y si ese récord estuviera a punto de cambiar?
No, no se iría a otro país. Ni siquiera a otra ciudad. El nuevo restaurante más antiguo del mundo, si se confirma, también está en Madrid. Se llama Casa Pedro y está en el barrio de Fuencarral.
Durante años, el Ayuntamiento de Madrid reconocía como fecha fundacional de Casa Pedro el año 1825. Tanto, que le colocó en la entrada una placa con esa cifra. Pero en la familia siempre han mirado esa fecha con recelo. "Nosotros siempre hemos tenido la curiosidad de saber si la fecha que decía mi abuelo, Casa Pedro 1702, que es el logo que está por todas partes en el restaurante, era cierto o no", explica Irene Viñales, décima generación al frente del local.
El problema es que demostrarlo era prácticamente imposible: "Durante la Guerra Civil se quemaron los archivos. Es algo que no hemos podido mostrar y que siempre nos picaba la curiosidad", reconoce Irene.
El documento que lo cambia todo
Pero lo que durante años fue una frustración familiar, acaba de dar un giro. Jorge, su marido, aficionado a los libros antiguos, se puso a buscar documentos. Y lo que encontró podría cambiarlo todo. "Hace relativamente poco encontró el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1750, donde ya reconocen la existencia de tres mesones en el pueblo de Fuencarral, uno de ellos regentado por un familiar nuestro que se llama Juan López", cuenta.
Ese descubrimiento ha supuesto un impulso: "Nos ha dado muchísima fuerza y energía para seguir buscando cosas, porque ya nos hemos remontado a 1750 y ha sido una noticia bastante increíble para la familia".
El siguiente paso para solicitar el Récord Guinness
De momento, no han contactado aún con Guinness. Antes, necesitan confirmar documentalmente que ese Juan López forma parte del árbol genealógico. "Todavía tenemos que ir a la iglesia y documentar que ese Juan López ciertamente pertenece a mi familia, que mi padre está convencido, pero todavía esa parte la tenemos que seguir demostrando", dice Irene.
Pero incluso sin el título, el legado ya está. Y también la motivación: "Ha sido una alegría decir que mi abuelo tenía razón, pues vamos a ver si lo conseguimos. Es como un impulso para seguir investigando".
Casa Pedro conserva el sello de siempre
"Casi todos los restaurantes intentan innovar y nosotros lo que intentamos es conservar", resume Irene. En su carta siguen apareciendo platos tradicionales como los callos, las mollejas, los caracoles o los garbanzos con boletus. Y en verano, escabeches: "Sardinas, boquerones, mejillones, bonito, carnes… escabechamos muchísimo", añade.
Mientras otros buscan reinventarse, ellos luchan por no cambiar. Y, si todo sale bien, quizá dentro de poco puedan presumir de ser el restaurante más antiguo del planeta. Porque a veces, o mejor dicho siempre, las historias de abuelos, tienen razón.
