Restos procedentes de la elaboración de cerveza, vino o aceite de oliva pueden acabar convertidos en fertilizante gracias a larvas de insectos. Es la propuesta de Agroinsecta, un proyecto desarrollado en la provincia de Cuenca, con trabajos vinculados a Cañaveras y Casas de Haro. Javier Chavarría explica que los residuos son tratados y utilizados como alimento para larvas de mosca y tenebrio, que reproducen de manera controlada un proceso similar al que ocurre en la naturaleza. Con determinadas especies de mosca, la transformación puede completarse en apenas 7 a 15 días.
El resultado es un abono ecológico comparable al humus de lombriz que, según Chavarría, incorpora quitina y puede contribuir a estimular las defensas naturales de las plantas, reducir determinados tratamientos fitosanitarios y aportar materia orgánica y capacidad de retención de agua al suelo. El consorcio incluye, entre otros participantes, a la Universidad de Castilla-La Mancha y a la cooperativa La Magdalena de Casas de Haro. Tras completar la primera fase de producción de fertilizantes, el proyecto afrontará ahora ensayos de campo en los cuatro principales cultivos leñosos de la región.
Las pruebas ocuparán cerca de siete hectáreas y se prolongarán durante aproximadamente un año para comprobar efectos sobre producción, plagas, estado sanitario, suelo y hojas. Chavarría señala que el producto ya puede resultar competitivo en agricultura ecológica, mientras que uno de los retos será ajustar costes y aplicaciones para extenderlo también a explotaciones convencionales. El objetivo final pasa por demostrar sus resultados en las condiciones reales de Castilla-La Mancha antes de plantear una producción a mayor escala.

