El escritor Marcos Augusto irrumpe en el panorama literario con Te hice dios, una primera novela que explora algunos de los aspectos más complejos de la experiencia humana: la enfermedad, el deseo, la muerte y la necesidad de dar sentido a la pérdida. Durante una entrevista reciente, el autor explicó que la obra nace de su interés por abordar “universales” como el duelo y la ausencia, utilizando para ello una voz narrativa marcada por la subjetividad y la incertidumbre.
La novela sigue la relación entre un narrador y Pablo, dos personajes cuya historia está atravesada por el fenómeno de los llamados bug chasers —personas que buscan contraer el VIH— y los gift givers, quienes lo transmiten. Sin embargo, Augusto subraya que este planteamiento funciona principalmente como un recurso narrativo para reflexionar sobre cuestiones más profundas, como la fragilidad del cuerpo, las dinámicas de pareja y, especialmente, la mentira como motor de la historia.
Según el autor, la novela se estructura de forma circular: comienza y termina con la muerte, mientras que entre ambos momentos se despliega una reconstrucción de la vida compartida por los protagonistas. A través de recuerdos y confesiones parciales, el narrador va revelando gradualmente los secretos que sostienen la tensión narrativa de la obra.
Te hice dios también incorpora escenarios poco habituales en la literatura comercial, como aplicaciones de citas, espacios de cruising y locales de sexo. Augusto reconoce que estos contextos podrían considerarse tabú para parte del público, pero insiste en que su intención no es juzgar ni moralizar, sino retratar una realidad concreta desde una perspectiva literaria y humana.
Uno de los rasgos más destacados de la novela es el contraste estilístico entre escenas explícitas y fragmentos de gran carga poética. El autor explica que buscó generar “destellos de luz” dentro de una historia marcada por la oscuridad, alternando conversaciones directas con una prosa cuidadosamente trabajada que aporta lirismo al relato.
Respecto al título, Augusto aclara que la palabra “dios” aparece deliberadamente en minúscula. Más que una referencia religiosa, el concepto remite a la capacidad de crear, transformar o idealizar a otra persona. En la novela, el acto de recordar y escribir sobre un ser amado fallecido se convierte en una forma de deificación simbólica, otorgándole una dimensión que trasciende lo cotidiano.
El libro ya puede encontrarse en librerías y supone la carta de presentación de una voz literaria que apuesta por abordar cuestiones incómodas desde la complejidad emocional y la experimentación narrativa.
