Detrás de cada café servido, de cada plato que sale de cocina o de cada habitación preparada para recibir a un huésped hay mucho más que una tarea profesional. Hay años de aprendizaje, esfuerzo y superación personal. Es la realidad que viven decenas de alumnos de Mater, la entidad mallorquina que trabaja con personas con discapacidad intelectual desde la infancia hasta la edad adulta y que este año celebra el vigésimo aniversario de su Centro Especial de Empleo. Por ese motivo, Maria Cortès ha visitado uno de los restaurantes y hotel que gestiona la entidad en la isla, para conocer de primera mano el trabajo que realizan.
Uno de los mejores ejemplos de este modelo son los programas de formación dual de cocina, limpieza y restauración, que combinan formación teórica con experiencia laboral real en restaurantes y hoteles gestionados por la propia entidad.
"Las personas con discapacidad intelectual son tan válidas como cualquier otra. Han aprendido un oficio y durante tres años se han estado formando para desarrollar sus funciones", explica Mónica Nebreda, directora de Alianzas Externas y Desarrollo de Mater, quien reconoce que todavía existen barreras para acceder al mercado laboral.
Aprender trabajando
En el restaurante de Mater en Inca, diez alumnos completan actualmente su formación dual en restauración. Allí atienden mesas, toman comandas, preparan servicios y adquieren las habilidades necesarias para trabajar en el sector hostelero.
La evolución de estos jóvenes es visible en apenas unos meses. "El cambio es brutal", asegura Nebreda. "Empezaron utilizando libreta y bolígrafo porque tenían que aprender cómo funcionaba la tecnología. Ahora ya trabajan con su comandero digital y eso supone una evolución muy importante para ellos".

Una mejora que también observa Ámbar, integradora social y una de las profesionales que acompaña a los alumnos en su día a día. "Han mejorado mucho las técnicas y se desenvuelven cada vez mejor", destaca.
Pero quienes mejor pueden explicar ese proceso son los propios estudiantes. Juan, Tais y Vicenç llevan más de un año y medio formándose en el restaurante y reconocen que la experiencia les ha ayudado a ganar confianza y seguridad. "He mejorado mucho", resume uno de ellos durante la jornada de trabajo.
Una oportunidad para ganar autonomía
El objetivo de estos programas es facilitar la incorporación de las personas con discapacidad intelectual al mercado laboral ordinario. Para ello, Mater no solo ofrece formación, sino también acompañamiento durante la búsqueda de empleo y en los primeros meses de contratación.
Nebreda recuerda que algunos alumnos han llegado incluso a trabajar en empresas externas antes de regresar a la entidad. "Tenemos personas que terminaron la formación dual de cocina, trabajaron fuera y después decidieron volver. Ya no entran como operarios, sino como técnicos, con la categoría profesional y el salario correspondiente".
Es el caso de Omaima. Con 29 años y varias experiencias laborales fuera de la entidad, decidió regresar a Mater para incorporarse al equipo de cocina del restaurante de Inca. "Estoy muy contenta con ellos, la verdad", asegura.

Más allá de la formación
El impacto de este tipo de proyectos va más allá de quienes participan directamente en ellos. También transforma la visión de quienes trabajan a su lado.
Sendoa, chef del restaurante de Mater en Inca, reconoce que su experiencia profesional en este entorno le ha permitido acercarse a una realidad que desconocía. "Te hace más humano y más cercano", afirma.

Una percepción que también comparten muchos de los clientes que visitan estos establecimientos, donde la inclusión se integra con naturalidad en el servicio diario.
Además del restaurante de Inca, Mater desarrolla programas similares en su establecimiento de Sineu y en el hotel que gestiona en Ariany, donde los alumnos de formación dual de limpieza realizan sus prácticas profesionales.
Un futuro abierto
Algunos estudiantes ya tienen claro su futuro laboral. Otros todavía están descubriendo cuál será su camino cuando finalicen la formación. Pero todos comparten algo en común: una oportunidad que les permite demostrar de lo que son capaces.

Porque, como queda patente tras compartir una jornada con ellos, esta historia no habla únicamente de discapacidad intelectual. Habla de esfuerzo, aprendizaje y oportunidades. De jóvenes que llegaron sin experiencia y que hoy atienden clientes con naturalidad. De personas que han dedicado años a formarse para construir un proyecto de vida propio.
Y de una certeza que se repite en cada conversación, en cada servicio y en cada pequeño logro cotidiano: el talento no entiende de etiquetas. Solo necesita una oportunidad para demostrarlo.
