La trufa negra producida en la provincia turolense ha recibido el reconocimiento de la Unión Europea como Indicación Geográfica Protegida (IGP), una distinción que refuerza su prestigio internacional y reconoce el liderazgo de Aragón en este cultivo.
El sello protege su origen y respalda el trabajo de los productores que han impulsado el desarrollo de la truficultura en la provincia.
La protección europea garantiza que solo podrán comercializarse bajo esta denominación las trufas negras producidas y certificadas en la provincia con los requisitos establecidos en el pliego de condiciones.

