Este mismo lunes, tras el adiós del zaragocismo el pasado domingo, se ponía en marcha la fase 2 de las obras de construcción de la Nueva Romareda. Los vecinos del entorno se preparan para dos años complicados, en los que sufrirán molestias ambientales y afecciones al tráfico.
El investigador del área de geografía de la Universidad de Zaragoza y colaborador de la Unión Vecinal Cesaraugusta, Sergio Valdivielso, ha explicado que los residentes más próximos empezaron hace un año con las primeras afecciones, primero con los vallados y la entrada de maquinaria y en agosto con el comienzo del derribo de la grada sur.
Valdivielso ha señalado que los trabajos para levantar la cubierta conllevará afecciones ambientales por la presencia de materiales como el amianto, aunque los trabajos los realizará una empresa especializada en el tratamiento de este material sin consecuencias ambientales. Además, se realizará en verano, cuando las ventanas de las casas permanecen abiertas durante más horas.
Una preocupación importante son los ruidos durante la demolición, además de los que genere el trabajo constante con maquinaria pesada. En cuanto a la movilidad, afectará tanto a vehículos como a peatones. Hace meses que ya hay restricciones en la calle Jerusalén y Pedro IV el Ceremonioso, que se irán extendiendo a Eduardo Ibarra, Fernando el Católico o Luis Bermejo.
