Madrugo para contarte que Mourinho se esmeró más en protestar por la sanción a Vinicius, por el momento de comunicar la sanción al brasileño, que en justificar la mala primera parte del equipo en Roma y en protestar por los horarios de Laliga, que en celebrar una remontada histórica.
¿No te he dicho aún que el Real Madrid ganó a la Roma 3-4, a pesar de que iba perdiendo 3-1 en el minuto 83? Fueron tres goles en menos de diez minutos, los tres a balón parado tras tres saques de esquina. Más el primero de Mbappé.
Hubo tanta justificación porque los aficionados fueron acumulando mucha frustración y enfado durante la primera parte. 45 minutos entregados a los italianos en los que Mourinho renunció, con su planteamiento, a controlar el partido, a llevar la iniciativa, a proponer fútbol. Fue posiblemente el peor tramo de la temporada. Ni presionaban bien ni defendían bien, abusaron de los balones en largo de Courtois, que también arrancaba muchas veces la jugada, con balones filtrados incluso a Vinicius.
Y de la desconexión total que vive el brasileño vino el error de uno de los goles encajados. Mourinho tiene un problema con Vini porque está muy lejos de estar a su nivel, pero tampoco parece comprometido para esforzarse y defender ahora que arriba le salen pocas cosas bien. El entrenador lo disculpó porque la sanción de cuatro partidos, por su expulsión del sábado, la conoció en el autobús de camino al estadio y saberlo en ese momento le afectó.
El Madrid ganó, pero no existe ese aire de orgullo y alegría de las noches de las grandes remontadas, porque ayer enfrente estaba la Roma, no el PSG ni el Chelsea o el City. Y los problemas que evidenciaron en la primera parte pueden desembocar en la gran pesadilla del siglo si se repiten cuando jueguen en el Camp Nou, en poco más de una semana. En Barcelona, como diría Amón, solo hay dos opciones para Mourinho: puerta grande o enfermería.

