Madrugo para contarte que ayer estuve con dos tipos fantásticos en Radioestadio Noche. Dos personas maravillosas, dos grandes profesionales, en dos momentos muy diferentes de sus vidas.
Uno es Andrés Iniesta. No necesita presentación. Podrías construir su historia a través de algunos momentos y lugares fundamentales: Fuentealbilla, La Masía, Guardiola, Stamford Bridge, la salud mental, Sudáfrica, Japón...
Cualquier español podría ser biógrafo de Andrés, porque lo descubrimos de niño, con el Albacete, y hasta el gol de Johannesburgo seguimos sus pasos en la radio. Iniesta fue inspiración por su fútbol y por su sencillez, por su humanidad, también para contar aquel túnel oscuro en el que entró tras la muerte de su amigo Dani Jarque y que no supo explicar. Al médico que lo escuchó, buscando ayuda, le dijo que pensaba que se iba a morir. Fue depresión. Y la superó. Y lo contó con la misma naturalidad con la que se quitaba los rivales de encima con un amago.
El otro fue Joaquín Caparrós, histórico entrenador, más de 500 partidos dirigidos en Primera División, entre el Sevilla, el Athletic, el Depor y otros muchos. Caparrós anunció en junio que sufre un cáncer de colon que lo tiene ocupado, entre los tratamientos, la medicación, el descanso, pero no le priva de ver mucho fútbol.
No va al estadio, no pisa la ciudad deportiva, pero no se pierde un partido por televisión. Y escucha mucha radio. Habla de la enfermedad como de un partido. Y en esa metáfora que construye para explicar su día a día, toca defender.
Iniesta y Caparrós, el entrenador que empieza su camino y el entrenador que contagia optimismo, hasta en los peores momentos, y que apura el otoño antes de que llegue el invierno. Dos ejemplos de fútbol, dos ejemplos de vida.

