La piel es mucho más que una cuestión estética; es el "termómetro" del organismo y la herramienta que tienen los dermatólogos para conocer el estado de salud de la persona. Así lo asegura durante una entrevista en Por fin el doctor Ricardo Ruiz, director de la Clínica Dermatológica Internacional y jefe de Servicio de Dermatología del Hospital Ruber Internacional.
"Los dermatólogos podemos diagnosticar más de mil enfermedades a través de la piel, del pelo y de las uñas. Nos dicen mucho sobre cómo estamos, cómo envejecemos", asegura. Y es que, además de actuar como barrera protectora, la piel desempeña funciones metabólicas importantes, como la producción de vitamina D, y guarda una estrecha relación con la mente. "Las células de la piel derivan de las mismas células embrionarias que las neuronas". Esta conexión ayuda a explicar cómo el estrés es capaz de provocar una dermatitis, la caída del pelo o incluso el enrojecimiento de la piel.
La piel y la salud mental
Ruiz también destaca la importancia de la llamada psicodermatología, una disciplina que estudia la relación entre la piel y la mente. Por un lado, el estrés, la ansiedad o la depresión pueden empeorar enfermedades como el acné o distintas dermatitis.
Por otro lado, determinadas enfermedades cutáneas visibles, como el vitíligo, las cicatrices o el propio acné en adolescentes, tienen un importante impacto emocional y pueden afectar a la autoestima y a la calidad de vida. Por ello, defiende que el dermatólogo no debe tratar únicamente una lesión cutánea, sino también el sufrimiento que esa enfermedad provoca en el paciente.
Un envejecimiento saludable gratis y sin coste
Preguntado por las claves de una longevidad saludable, Ruiz lanza un mensaje claro: "Envejecer bien no es para millonarios". A su juicio, las medidas realmente eficaces son sencillas y están al alcance de cualquiera. Descansar bien, mantener relaciones sociales, cuidar la alimentación y hacer ejercicio físico son los pilares fundamentales, aunque sitúa el deporte por encima del resto.
Según explica, el análisis de las denominadas "zonas azules", donde vive un mayor número de centenarios, demuestra que mantenerse físicamente activo favorece un envejecimiento más saludable tanto desde el punto de vista físico como cognitivo. "Es lo que más importa". En definitiva, "es mejor tener buenos hábitos que tener buenos genes".
