Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.

Disfruta de la app de Onda Cero en tu móvil.

El monólogo de Alsina

El monólogo de Alsina: ‘MAFO debería tener el cartel de chivo expiatorio’

Les voy a decir una cosa.

En el cartelito ése que les ponen a las personas que comparecen en el Congreso para que se sepa quiénes son, en lugar de Miguel Ángel Fernández Ordóñez debieron haber puesto “MAFO” --que es como se refiere a él todo el mundo-- y, en lugar de “ex gobernador del Banco de España” debieron haber puesto “chivo expiatorio”.

ondacero.es | madrid | 24/07/2012

El exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez

El exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez / EFE

Que, en el fondo, es como él se presentó, como la cabeza de turco elegida por el actual gobierno (y aunque no lo dijo, también el anterior) para cargarle la responsabilidad de que hayamos pasado de tener el sistema bancario más fuerte, solvente y admirado que el mundo mundial haya conocido nunca, a necesitar sesenta mil millones de euros para salvarlo. Y cuatro entidades controladas ya por el Estado. El motivo por el que Ordóñez pidió comparecer en el Congreso aparece reflejado en el último párrafo de la intervención que él leyó esta mañana: “Resulta contraproducente buscar chivos expiatorios porque no los hay”. O dicho de otro modo, a mí no me endosen el marrón y dejen de atizarse entre ustedes porque es lo último que necesita España en este momento. Dices: bueno, es una táctica para salvarse él de la quema, como si él no formara parte de la gresca política que ahora tanto lamenta. Es cierto que él es un político metido a gobernador (a propuesta de Solbes) y que su nombramiento tuvo como pecado original la ausencia de consenso entre el gobierno de entonces y la oposición de entonces. Parte de la enorme pifia en que se ha convertido la reestructuración de las Cajas de Ahorros es responsabilidad suya --parece lógico-- pero eso no impide que diga cosas muy ciertas. Por ejemplo, que la trifulca política permanente contribuye poco a generar seguridad y confianza; o por ejemplo, que España, ahora mismo, es un gran deudor (debemos casi un billón de euros) y justo por eso deberíamos esforzarnos en ser vistos como un país cumplidor, porque debemos un dineral pero además seguimos necesitando a los inversores para salir del hoyo. Con ese mensaje ha terminado su primera exposición, después de repasar los errores que, en su opinión, han cometido las autoridades, incluyendo al Banco de España, en estos últimos años. Errores que se resumen en uno: haber llegado tarde a todo, siempre a rastras de los acontecimientos. La regulación de las Cajas de Ahorro debió haberse cambiado cuando éstas empezaron a actuar como bancos, ha dicho, obligándolas a regirse como bancos y cortando su vínculo con los gobiernos autonómicos. El equilibrio presupuestario debió haberse consagrado antes en la Constitución. La reforma del mercado laboral también debió haberse hecho en los tiempos de bonanza. Ha repasado errores más del Ejecutivo y el Legislativo que de la institución que él gobernó, porque ahí el único fallo que admite es de ritmo: la lentitud con que se abordó la restructuración del sistema, las fusiones de cajas para reducir (en teoría) los riesgos.

De esta comparecencia cada uno de los protagonistas esperaba una cosa distinta. El interés de MAFO, gobernador que acabó defenestrado por todos ---primero por el gobierno socialista, que echó pestes de él en privado, después por el gobierno popular, que las echó en público y aun sabiendo que estaba salpicando gravemente al crédito de la institución como supervisor del sistema financiero de nuestro país-- era limpiarse el diluvio de bazofia que le cayó encima y devolverle el sartenazo al gobierno. Pero, dado que la cara de chivo (expiatorio) se le empezó a poner cuando Bankia fue intervenida, el interés de los grupos parlamentarios (y también de la prensa), estaba ahí, en lo de Bankia. El PP pretendía que el ex gobernador confesara que la fusión de Caja Madrid y Bancaja --germen, según los populares, de lo mal que acabó todo-- fue cosa suya, que obligó a la cúpula de Caja Madrid a consumar aquel matrimonio equivocado y a salir a bolsa precipitadamente para acarrear capital de los inversores privados. El PSOE buscaba, por el contrario, que señalara la responsabilidad del equipo de Rato y del gobierno actual en el desenlace que ha tenido esta historia (o que está teniendo, porque aún no ha acabado). Y esto último sí lo ha conseguido parcialmente. El ex gobernador recuerda que fue el gobierno quien cambió la estrategia (con las dos reformas De Guindos) y quien decidió gestionar directamente el caso Bankia, que es la forma de decir: Bankia ha acabado intervenida porque se aumentaron las exigencias de capital, porque el auditor no avaló el valor declarado de algunos activos y porque terminó cambiándose a la cúpula y estimando en veinte mil millones de euros las necesidades. Y de ahí pasamos al rescate europeo de nuestra banca y los cien mil millones que nos van a prestar. De todo ello, Ordóñez se desmarca. De la fusión de Caja Madrid y Bancaja, también. “Yo no he forzado a nadie ni he puesto una pistola en la cabeza, oiga”, ha dicho el gobernador. Que cita como prueba que hubo cajas que dijeron no a determinadas fusiones al examinar las cuentas de las otras cajas casaderas, como la CAM o Caja Castilla La Mancha. El plan de integración de Bankia y Bancaja lo elaboraron firmas internacionales muy prestigiosas, ha recordado: yo lo único que hice fue no oponerme ni a la fusión ni a la salida a bolsa. No comparte el ex gobernador, claro, que aquella salida a bolsa fuera inflada falseando la información que se ofreció a los potenciales inversores (esto respalda la estrategia de defensa de los imputados en el sumario Bankia), lo que ocurrió, dice, es que el mercado fue por un camino diferente al que se esperaba. Es probable que, en esto, Rodrigo Rato coincida con el gobernador en su comparecencia de pasado mañana. A lo mejor también coincide, ¿verdad?, en lo innecesario que resultaba forzar su salida de la presidencia del banco (éste es otro error que Ordóñez apunta en el debe de Luis de Guindos, haberse cargado a Rato) porque habría bastado, dice, con nombrar un gestor prestigioso por debajo del presidente, un Goirigolzarri de segundo de a bordo, que es la fórmula que defendía Ordóñez. Otra cosa es la versión que dé Rato el jueves de la malhadada fusión de Caja Madrid con Bancaja y del papel que desempeñó ahí el señor Fernández Ordóñez. De Guindos se habrá ido enterando de todas estas collejas que le daba Ordóñez mientras despachaba con su colega alemán en Berlín, el temido Shauble, sobre rescates bancarios, rescates de país y rescates autonómicos. Sobre todo estos últimos, que a la prensa alemana parece ser lo que más le preocupa, las cuentas de las autonomías. Recién parido el FLA, el Grifo de Liquidez para autonomías con cargo a la Loteria del Estado, ya son dos las comunidades que piden que se lo abran: primero fue la Comunidad Valenciana (tres mil y pico), hoy ha sido Cataluña (aun no se sabe cuánto). Artur Mas ha levantado el dedo y ha dicho: eh, para mí también, que estoy seco. No le gusta nada de lo que está haciendo el gobierno con las autonomías, salvo este surtidor de dinero barato del que responden los niños de San Ildefonso. Que, por supuesto, el gobierno catalán tampoco llama rescate. ¡Vaya, si fue Duran i Lleida quien dijo que era absurdo emplear palabras camuflaje cuando del crédito europeo a la banca se trataba! Pues ahora dice el portavoz del gobierno catalán, señor Homs, en una impagable aportación al diccionario de eufemismos (o más bien, a la antología del disparate) que esto no es un rescate, sino una línea de liquididad. Claro que también ha dicho que hay una campaña mediática para sembrar el catastrofismo sobre Cataluña. Y que pedir dinero al gobierno central no tiene nada de particular. Y que todo está en orden, y que no hay que alarmarse, y que, y que, y que. ¿Y qué? Si todo el mundo sabe lo que está pasando.