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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "No siendo unas elecciones generales, Galicia será elevada a la condición de símbolo"

El gobierno empieza a rendir cuentas. Donde debe hacerlo. En el Parlamento. Hoy en el Senado, mañana en el Congreso. Desde el 17 de septiembre no ha habido sesiones de control parlamentario, cinco meses han pasado.

Carlos Alsina
  Madrid | 11/02/2020

Abren plaza esta tarde los senadores, con su mayormente desconocida presidenta, Pilar Llop, arbitrando el encuentro. Mañana, los diputados que preside la señora Batet con el estreno de los cara a cara entre Casado y Sánchez y Abascal y Sánchez, el gran duelo entre Casado y el de Vox por ver quién le saca más partido al examen parlamentario.

Se va estrenar el gobierno hoy y mañana con un popurrí de preguntas sobre temas acumulados de hace semanas. (Popurrí o medley de preguntas, como usted prefiera). Por ejemplo, igual lo tiene usted olvidado, ¿pero le suena el nombre de Dolores Delgado? Fue ministra de justicia hasta el mismo día en que Sánchez la anunció como nueva fiscal general del Estado. La primera prueba que dio el presidente de lo poco que le importa el escándalo que pueda suscitar la puerta giratoria del gobierno a la fiscalía sin guardar la mínima cuarentena. Se le pregunta al gobierno por la idoneidad de la propuesta. A sabiendas de que la tormenta llega ya aguada. Y de que Sánchez sabe, como nadie, lo pronto que caducan ahora las tormentas y los tormentos. Día y medio, y a otra cosa.

El nuevo contexto político, desde ayer, consiste en que donde antes había una carrera electoral en marcha, la de los partidos en Cataluña, ahora hay tres: en Cataluña, en el País Vasco y en Galicia. Con Urkullu y Núñez Feijóo jugando la única baza que es suya y sólo suya (poner la fecha) para que no acaben coindiendo sus elecciones con las que acabará convocando Torra (si es que el Supremo no confirma antes su inhabilitación como presidente vicario).

Los vascos y los gallegos, a las urnas. Quién dijo que en España se vota poco.

En los dos territorios lleva habiendo gobiernos conservadores desde hace años. En el País Vasco siempre gana el PNV, este partido que se empeña en decir que él de derechas no es (nada les gusta más que ser considerados de centro y pro-gresista, por eso están tan cómodos con el Partido Socialista de Euskadi, que le trata como si lo fuera). En Galicia, siempre gana el PP. Marca hegemónica que ha hecho bandera del autogobierno y de eso que llama el galleguismo, que es como no ser nacionalista pero un poco sí parecerlo.

Que Urkullu y Feijóo ganarán sus elecciones respectivas parece fuera de duda. Que Urkullu seguirá gobernando solo o en compañía de otros, tampoco parece en cuestión. Que lo siga haciendo Feijóo ya es menos seguro. Va a depender, primero, de si al PP le crecen los dos competidores que le salieron en el resto del país y que en Galicia aún no se han estrenado: Ciudadanos a su izquierda y Vox muy a su derecha. El barón que menos gusta a los de Vox es Feijóo, que siempre receló del acercamiento de Casado a los de Abascal. Y va a depender, segundo, de cómo rentabilicen los partidos de la izquierda gallega la circunstancia novedosa de estar gobernando España. Ahí está el PSOE, que perdió la segunda plaza en Galicia hace cuatro años en favor de Las Mareas, ahí está la marca de Podemos, que ahora tiene ministra de Trabajo, y ahí está el Bloque, que es competencia electoral pero, a la vez, es aliado parlamentario: votó a favor de la investidura de Sánchez y reclamó para Galicia la condición de nación con derecho de autodeterminación e independencia.

El PSOE quiere tumbar a Núñez Feijóo. Dices: claro, de eso van unas elecciones. El que está en la oposición quiere el poder y el que está en el poder quiere seguir teniéndolo. Veremos al PP echar el resto en la campaña gallega para conservar el fuerte (Feijóo confía en que los líderes nacionales vayan sólo lo justo a hacer campaña, por miedo a que en lugar de sumar, le resten) y veremos al PSOE y Podemos echar el resto para conquistar el fuerte. No siendo unas elecciones generales, Galicia será elevada a la condición de símbolo.

Que dice Pablo Iglesias que él ya tiene su silla asegurada en la mesa de billar de Sánchez y de Junqueras. Que estará porque está obligado a estar. Si el presidente se lo pide, cómo le va a decir él que no al presidente.

Sigue la escenificación y el postureo. Iglesias reclama su cuota en la mesa de negociación, y hace bien, porque se lo ganó engrasando para Sánchez la interlocución con sus colegas de Esquerra. Con Rufián es verdad que ha tenido una época difícil, pero en Lledoners se le sigue viendo como uno de los suyos. No pierdan de vista el jardín en el que se metió el otro día Junqueras cuando Évole le recordaba que nunca ha habido un 50% de catalanes a favor de la independencia. Y él decía: que sí, que dentro de los comunes hay mucha gente queriéndola. Normal que lo dijera si Podemos tuvo de líder en Cataluña a Dante Fachín. Y si ahora tiene a Jaume Asens. Y si siempre vio con buenos ojos la autodeterminación y la matraca de los agravios históricos.

Iglesias estará en la mesa porque Podemos quiere silla propia. Como Esquerra ha pedido silla propia a Torra, aunque sean un solo gobierno. Y habrá otros ministros en la mesa, claro que sí. ¿Qué tal Illa, que es el número dos del PSC? Cuota Iceta. ¿Qué tal algún dirigente de la órbita de Colau? Cuota comunes. Así ya tenemos lo que anunciábamos ayer: una mesa de partidos camuflada como mesa entre gobiernos. Los partidos con silla serán el PSOE, el PSC, Podemos, En Común, Junts per Cataluña y Esquerra Republicana. ¿Qué puede salir mal?

Si acaso habrá que pedirle al coro gubernamental que no repita como un papagayo todo lo que se le ocurra a la fábrica de frases vacuas de la Moncloa. Esto de Adriana Lasra ayer.

Que es un puro plagio de lo que hace una semana dijo su jefe.

Franco, franco y franco va a ser el diálogo. Con 47 millones de mediadores. Mire, o le han encontrado un significado desconocido a la palabra mediador o aquí ya vale decir cualquier cosa. Usted que me escucha es uno de esos 47 millones de españoles. Enhorabuena, es usted mediador. ¿Qué tal, cómo se siente?

Yo también soy mediador, gracias, señora Lastra. Mi mediación, ¿en qué consiste? Si pudiera usted explicarlo un poco, en lugar de repetir eslóganes. Por saberlo.

La única institución que de verdad nos representa a todos es el Congreso de los Diputados. Justo la que se ha orillado para poder alumbrar la mesa ésta. Si los mediadores somos todos los españoles, ¿por qué ha sacado la negociación del único lugar donde estamos todos representados?

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