Ocurre en un restaurante. El actor consagrado Richard Bean acaba de estrenar su versión del rey Lear, en Broadway. Al terminar la representación ha quedado con su ex mujer para que le diga lo bien que ha estado. Él se duele porque el crítico teatral del Times nunca le reconoce su mérito. Ella le anima: "¿No has leído su comentario al prestreno? "
Se entusiasma el actor, gratamente sorprendido. Tan gratamente que se va a buscar al crítico, que está cenando allí con su marido, para celebrarle su buen criterio. "El ancla, ha dicho que soy el ancla de la obra". El crítico, incómodo, le pide que se vaya porque un crítico no puede discutir sus opiniones con el criticado, no sería correcto. Pero ante la insistencia del actor…es el marido quien le saca del error. No escribió es el ancla sino es como un ancla.
El ancla que se hunde en el mar. Impidiendo que el barco siga navegando. Este amargo malentendido es el punto de partida de la serie que ha estrenado Kelvin Cline, 'Clásico americano'. El clásico español es otro. Un presidente encantado consigo mismo, que presume de resultados económicos mientras quita importancia al impacto que los casos de corrupción tienen en el electorado y que acaba conduciendo a su partido a una escabechina electoral. Como un ancla.
Al cumplirse hoy un año de la primera vez que un gobierno fue derribado en España no por los votantes, en elecciones generales, sino por los diputados en democrática votación parlamentaria, el gobierno ha confiado su defensa a sus hombres ancla. Los pesos pesados.
Puente, López y, naturalmente, Sánchez. Hombres, todo hombres, que gustan de la contienda, la refriega, de crecerse en el castigo, de no rendirse, de aguantar, de resistir, de no renunciar nunca a jugar al ataque. Hombre ancla que aman la porfía y reúnen las cualidades históricamente atribuidas -anticuadamente atribuidas- a los hombres de una pieza, que se visten por los pies y demás expresiones viejunas. Casi cabe decir: hombres ancla con cualidades conservadoras.
Puente, López, Sánchez. Como un ancla. La turra de la conjura, temporada ya ni se sabe. La conspiración universal, trufada de filtraciones y coincidencias que evidencian que todo el mundo es culpable -la UCO, la UDEF, este juez, y esta jueza, y este otro juez, las audiencias provinciales que los respaldan, la derecha política (que es culpable por el mero hecho de ser derecha-, los medios que adelantan que una imputación se ha producido o que un registro está siendo realizado, los pseudo medios, que ya podrían aprender de Crónica Libre-. Pueden seguir con la turra el tiempo que deseen, la turra como ancla, pero su efecto ya es ninguno. ¡Da aliento a nuestros militantes!, explican. Pues así será, pero el futuro inmediato del país no va a depender del estado de ánimo de los militantes del PSOE.
Pueden seguir con la turra el tiempo que deseen, la turra como ancla, pero su efecto ya es ninguno
Día de aniversario
Es primero de junio, día, en efecto, de aniversario. El día en que el candidato ganó la moción de censura y celebró que el Parlamento apoyara así a las instituciones del Estado. Ejemplares. Se refería a la Audiencia Nacional -tribunal sentenciador de la Gürtel- y se refería a la UDEF, la unidad policial que, en funciones de policía judicial, había desenmarañado aquella red de adjudicaciones, mordidas y tráfico de influencias. ¡Lo que el PSOE llegó a querer a la UDEF! ¡Las cosas tan hermosas que dijo de ella cuando el afectado por su investigación era el PP!
Se recuerda mucho estos días que quien defendió la moción de censura fue José Luis Ábalos. Se recuerda menos a la portavoz del grupo socialista, aupada al cargo por Sánchez cuando recuperó el poder en Ferraz, o sea, Margarita Robles. La Margarita Robles de 2018.
La humildad ha sido seña de identidad de los gobiernos Sánchez, quién podría dudarlo conociendo al presidente. El respeto a los usos y costumbres del Parlamento, también. Por eso ha hurtado a las Cortes el debate presupuestario de cada año y se niega a someterse a una cuestión de confianza aun habiendo perdido el favor de la mayoría que lo invistió.
La crónica política sobre el gobierno y el PSOE se ha llenado de frases huecas que no significan nada. "Sanchez pide tiempo", "Sánchez llama a aguantar", "Sánchez ordena resistir". La nada. Solo significa que ni cuestión de confianza ni elecciones generales. El coro gubernativo, sus veintidós ministros, el coro del partido, su Ejecutiva federal, el coro parlamentario, su grupo de diputados y senadores, están a lo que diga y decida el líder. Todos ellos podrían tener criterio propio, pero han renunciado a tenerlo porque es más cómodo, y más seguro, ser correas de transmisión del líder, las cadenas amarradas al ancla.
Sánchez aguanta, resiste, se defiende con un contrataque. Todo son símiles deportivos, o de competición. O de guerra. Gobernar, que se sepa, no es competir. Gobernar es actuar teniendo presente que el poder que ejerces se lo debes al Parlamento que te invistió y que puede revalidarte su confianza, si se la pides de nuevo, o retirártela. Para medir si el apoyo se mantiene hay dos fórmulas: la cuestión de confianza y los Presupuestos Generales. Eludir ambas ya da idea de las serias dudas que tienes tú mismo de que este Parlamento, o sea, la sociedad, te siga queriendo de presidente.
Gobernar, que se sepa, no es competir
La turra de la conjura entretiene a ministros que consideran un hallazgo decir "yo no me chupo el dedo" -qué cosa tan profunda- o "yo esto no me lo creo" -pues muy bien-. Ministros que aún piensan que el hecho de que ellos se crean o se dejen de creer las conclusiones de la UCO o de la UDEF tiene alguna importancia. Desengáñense pronto: no la tiene. Es perfectamente irrelevante que Óscar Puente no se crea algo.
Ya dijo que algún día se sabría dónde había estado Mazón la sobremesa del día de la riada y cuando se confirmó que la había pasado en el Ventorro lo resolvió diciendo que no se lo creía. Lo que uno crea o deje de creer es cosa de uno, claro. Basar tus opiniones en la fe es lo que tiene. También hay gente que no se cree que el hombre llegó a la Luna, que el 11M lo cometieron el Chino y el Tunecino y que Elvis Presley está muerto.
Más allá de la turra, lo que hay es esto:
- Primero, Sánchez lidera un partido político en el que anidó la corrupción de la mano no de un secretario de organización sino de dos.
- Segundo, lidera un partido político que urdió y financió una operación para desacreditar a la UCO y las investigaciones judiciales.
- Y tercero, lidera un partido político cuya forma de gestionar el dinero, entregando dinero en efectivo a tipos como Koldo o a su hermano, o a su mujer, sin control real de que hubieran realizado gastos reembolsables está siendo investigada en un juzgado.
No parece que ninguna de estas tres cosas la haya desmentido el secretario general.
- En torno a sus dos secretarios de organización levantó él mismo un cordón sanitario, sin esperar siquiera al procesamiento, defenestrándolos y admitiendo, así, que la corrupción descrita por la UCO le resultaba creíble.
- De la operación Leire se han esforzado en explicar fuentes socialistas referidas este fin de semana en todos los medios, que fue cosa de Cerdán y sin conocimiento, por supuesto, de su superior inmediato. Es decir, que sí hubo operación y hubo encargos desde Ferraz y hubo pagos de Ferraz, pero sin que pueda atribuirse al secretario general porque todo quedaba en el secretario de organización. El secretario de organización, es decir, el PSOE.
- Y del modo en que se pagaban los gastos en Ferraz, en billetes y sin control, ya dio cuenta el propio gerente Moreno Pavón en su declaración como testigo en el Supremo. Y ya dijo el secretario general del partido que él también debió de pasar gastos alguna vez, como una realidad remota, en todo caso, y que no dejó en él la menor huella.
Las consecuencias de que haya salido a la luz todo esto -Ábalos, Cerdán, la operación Leire, los sobres de dinero- es lo que afecta hoy, y merecidamente, al Partido Socialista cuyo líder supremo es Pedro Sánchez. No hay más conjura ni más coincidencia que la llamativa coincidencia de que las personas de la máxima confianza del líder en Ferraz han resultado estar manchadas. Y que ellas se añadieran una militante colocada en empresas públicas, Leire, un empresario afín, Antxón Servinabar Alonso, y un expresidente de la SEPI. Vicente Martínez.
Esto es lo que le sucede al partido del presidente. Al Gobierno lo que le ocurre es que anidó en su seno el grupo de los Koldos y los Aldamas de la mano del ministro con más peso político del momento, José Luis Ábalos.
Y le ocurre que fue el Gobierno quien aprobó el rescate de una compañía aérea de vuelo corto pero con accionistas que vieron claro que necesitaban de alguien que tuviera mano en el gobierno, aunque tuvieran que pagar un poquillo. Lo intentaron con Ábalos pero acabaron prefiriendo a Zapatero.
O a quien ellos consideraban que era Zapatero, este Julio Martínez de quien su amigo ZP sostiene que la relación con Plus Ultra era suya y solo suya. Fue el Gobierno, y su presidente, quien estando al tanto de que Zapatero compaginaba sus gestiones políticas, muy celebradas, con su actividad difusa para ganar dinero (no necesariamente ilícita pero muy poco publicitada), fue el presidente quien sabiendo de esa doble condición de facilitador político y cobrador de consultoría lo elevó a la condición de espíritu santo del gobierno de coalición progresista. A derribar el gobierno es a lo que siempre aspira la oposición. Sólo una vez lo consiguió, derribarlo. Fue hace ocho años. Y fue Sánchez.

