Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Dijo el discípulo: "Maestro, ¿por qué cuando te pregunto por los pecados de aquel hombre me responden hablando de sus virtudes". Respondió el maestro: "Porque quiero confundirte para que no entiendas nada". "¿Y eso?", preguntó el discípulo. "Pues porque ese hombre es amigo mío".
Preguntó el discípulo: "Maestro, ¿por qué te atas a un hombre de cuya actividad particular dices desconocerlo todo?" Respondió el maestro: "Porque después de lo de Ábalos y lo de Cerdán, qué quieres que te diga, de perdidos al río, chico".
Dijo el discípulo: "Pero, maestro, ¿también de este hombre acabarás diciendo que en su esfera privada fue para ti un gran desconocido?" Se lo pensó un instante el maestro. Le dio otra vuelta. Lanzó una mirada grave al discípulo y le dijo: "Que no voy a convoca las elecciones, ¿vale?"
Cuarenta y ocho horas después de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, probemos a contarlo todo al revés a ver si así nuestro Gobierno se anima a dejar de confundir a la opinión pública.
Escrutado el auto del juez Calama, como ha hecho Rufián, que ayer deslumbró a su público informándole de que él tiene ojos en la cara -el resto de la población no se sabe dónde los tiene-, escrutado el auto del juez Calama, no aparece entre los hechos que se le imputan a Zapatero haber ganado las elecciones en 2008.
- No se le imputa a Zapatero haber hecho posible que, en España, por fin las personas del mismo sexo pudieran casarse.
- No se le imputa haberse traído las tropas españolas de Iraq.
- No se le imputa haber impulsado la ley de dependencia.
- No se le imputa haber negociado con Eta.
- Ni siquiera se le imputa haber impulsado la quiebra institucional que supuso el Estatut. O haber culpado de la quiebra al Tribunal Constitucional.
- Ni siquiera se le imputa haber desatendido la burbuja inmobiliaria o haber llevado España a una recesión que la dejó al borde de un rescate a la griega.
A Zapatero no se le imputa nada que tenga que ver con su labor en el Gobierno, entre 2004 y 2011, o sea, hace quince años. Se le imputa por actos cometidos en los años que van desde la creación de Análisis Relevante, 2019, hasta hoy, en coincidencia con los años que lleva Sánchez gobernando España en coalición con Podemos primero y con Sumar, después.
Por eso carece de sentido que la respuesta del actual presidente a la investigación judicial que afecta a su antecesor sea reivindicar todo aquello por lo que no se le investiga en lugar de proclamar su convicción, si es que la tiene, de que no se ha enriquecido ilícitamente en estos años en los que ya gobernaba él. Si es que la tiene.
La desinformación, como sabe este presidente de ahora que aspira a perpetuarse, la desinformación también es esto: confundir a la opinión pública sobre lo que está siendo objeto de escrutinio judicial sugiriendo que es la actividad política, perfectamente legal, de José Luis Rodríguez Zapatero lo que genera animadversión de la derecha y, en consecuencia, una investigación judicial.
O en palabras de la portavoz socialista Mínguez, "no pararán". O en palabras de la sucesora de Cerdán, Torró, que "el que pueda hacer contra el gobierno ya está haciendo". O en palabras de la portavoz del gobierno Sáiz, que si Manos Limpias y tal. El empeño en confundir la labor pública del Zapatero gobernante con la labor particular del Zapatero consultor o conseguidor o comisionista para poner bajo sospecha al juez que ha osado investigar.
El presidente Sánchez podía haber dicho, como Page, que la imputación le ha dejado de piedra. Podía haber dicho, compitiendo en impacto dramático con este intérprete consumado que está resultando ser Rufián…
O podría haber dicho, como otros dirigentes socialistas, que está seguro de que Zapatero despejará las sospechas que hoy se ciernen sobre él. Pudo haber pedido disculpas en nombre de su gobierno por intoxicar a la opinión pública atribuyendo el origen de la causa a Manos Limpias.
Pudo haberse disculpado, preventivamente, por lo que a lo largo del día de ayer iba a haber su Gobierno, que es hacer saber a la prensa que ha estudiado el auto del juez Calama y llega a la conclusión de que en él se recogen indicios pero no pruebas. Otra maniobra distractiva. En la fase de instrucción lo que se le exige al juez son indicios, no pruebas. Indicios de que pudieron haber ocurrido los hechos delictivos para seguir dedicando esfuerzo a esclarecerlos e interrogar a sus autores.
Indicios para sustentar una imputación o un registro. Indicios, que no pruebas. Las pruebas se requieren para valorarlas en el juicio y, en su caso, claro, para la condena. Fue entrañable leer en las crónicas de la tarde que el Gobierno opta por la cautela. ¡Ahora!
El Gobierno, como si tuviera entre sus funciones fiscalizar autos judiciales. O como si fuera el comentarista judicial de guardia al que recurren las tertulias para que exponga su criterio. Por su interés, recordémoslo una mañana más: es una anomalía que el Gobierno dedique un solo minuto de su tiempo a hacer exégesis de decisiones judiciales. Ni es su función, ni es su atribución, ni es su tarea, ni se le paga por ello. Los ministros, a título personal, pueden opinar lo que quieran, sólo faltaba, pero al Gobierno como tal no se la ha perdido nada en este entierro.
Es una anomalía que el Gobierno dedique un solo minuto de su tiempo a hacer exégesis de decisiones judiciales
Sí pudo haber dado, en fin, el presidente explicaciones sobre la parte de esta historia -Plus Ultra- que al Gobierno le toca, que es la presunción de que el gobierno cedió a la influencia de Zapatero. Uno trafica con su capacidad de influir cuando la administración sobre la que influye es receptiva, en efecto, a esa influencia. Poca influencia tienes, y poco te van a pagar, si no obtienes de la administración influida el trato de favor que espera quien te paga. No cobras si no influyes, por mucho que el Gobierno en pleno beba por ti los vientos.
Pudo haber anunciado Sánchez una auditoría interna sobre quién y cómo tomó cada decisión relativa al rescate de Plus Ultra, esta compañía aérea dispuesta a gastarse un dinero en comisiones para asegurarse el favor del gobierno -en palabras de uno de sus prebostes, follar, con perdón, aunque tengamos que pagar un poquitín-. Quién y cómo tomó cada decisión hasta llegar al último órgano que vio el asunto, que fue, naturalmente, el Consejo de Ministros que Sánchez preside y al que llegan las decisiones ya maduradas por los altos cargos en deliberaciones previas.
Pudo haber hecho muchas cosas el presidente, incluida la de declararse seguro de que Zapatero explicará a la opinión pública qué hizo y qué no hizo. Ahora que la causa ya no es secreta, puede abandonar Zapatero el burladero de la privacidad de su actuación remunerada y la protección de datos de los clientes de Análisis Relevante. Sobre todo cuando aquí dijo que no estaba al tanto de qué clientes tenía esa sociedad y, según la UDEF, era él mismo quien enviaba la lista de clientes a los demás socios.
Pudo haber hecho muchas cosas ayer Sánchez. Pero no hizo ninguna de ellas. Tampoco, por supuesto, responder a lo que se le preguntaba, marca de la casa. Escogió el presidente a perpetuidad pronunciar una frase vacía. ¿Qué significa que tiene todo su apoyo?
¿Qué significa que tiene todo su apoyo?
Uno puede manifestar su pleno apoyo al colega que pasa por un mal momento, a un amigo al que se le ha venido el mundo encima, a un familiar enfermo, a un compañero que ha sido cazado en un renuncio, a un aliado al que le están lloviendo piedras. Manifestar apoyo no equivale a refutar los indicios que han llevado a la imputación de Zapatero. Ni siquiera equivale a proclamarse seguro de su integridad y su inocencia. Sólo equivale a darle apoyo, como se le da a un enfermo grave o a un condenado camino del patíbulo.

