MONÓLOGO DE ALSINA

Alsina invita a Moreno a pedir el apoyo de la izquierda para ser investido sin Vox: "La polarización se combate con acciones"

El periodista de Más de uno también ha invitado al PSOE a ofrecer su apoyo al candidato popular, consciente de que es un imposible para la estrategia de los dos bloques que predican contra la polarización mientras la alimentan.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Ocurrió el último día de campaña. Era 2018 y se celebraban elecciones autonómicas en Andalucía. El CIS, en el que entonces aún creíamos -solo llevaba seis meses Tezanos- pronosticaba una victoria holgadísima del PSOE: 46 escaños frente a 21 del PP y 21 de Ciudadanos. Vox, como mucho, tendría uno. De modo que la suma de PSOE con Adelante Andalucía, que entonces era Podemos e Izquierda Unida, aseguraba que siguiera en el gobierno Susana Díaz.

Al estudio de radio en el que iban a ser entrevistados Juanma Moreno y Juan Marín llegaron los dos juntos pero se les entrevistó por separado. No eran una coalición electoral, Ciudadanos aún se pretendía entonces más centro centro que centro derecha. Años atrás había investido a Susana Díaz. Al terminar la entrevista al candidato del PP, con Marín de espectador atento, el periodista que lo había entrevistado dio paso a la publicidad y, ya fuera de micrófono, le dijo a Juanma Moreno: "Bueno, el domingo empieza una nueva etapa de tu vida, ¿a qué te vas a dedicar?"

El periodista, con su proverbial ojo clínico para los pronósticos políticos, daba por hecho que Moreno estaba sentenciado. No tanto por las urnas, que también, como por la dirección nacional del PP, en manos -2018- de Pablo Casado. Casado le había ganado las primarias a Soraya Sáenz de Santamaría y el sorayismo -y los sorayistas como Moreno- iban a ser guillotinados.

Para sorpresa del periodista, el candidato le respondió: "No me des todavía por muerto, las últimas encuestas me dan una posibilidad de tener los números". "¿Una posibilidad?", preguntó desconfiado el periodista. "Remota", dijo él, "pero hasta el último minuto hay esperanza".

Dos días después, el PSOE no sacó los 46 que decía el CIS sino 33 -desastre susanista-, el PP no sacó 21 sino 26 y Vox no sacó un diputado sino doce. Triangulando con Ciudadanos y con Vox, Juanma Moreno se convirtió, contra pronóstico -sobre todo de Génova- en presidente de la Junta de Andalucía. El último sorayista en pie. La victoria póstuma de Sáenz de Santamaría. De eso han pasado ocho años.

Hoy, 2026, sabemos que Juanma Moreno seguirá siendo presidente de la Junta de Andalucía cuatro años más. Ha ganado con rotundidad las elecciones de ayer, ha arrollado a sus adversarios y anota una nueva victoria inapelable. Si le sacas veinticinco escaños al segundo y treinta y ocho al tercero, tienes el 42% del voto, diecinueve puntos más que el segundo y veintiocho más que el tercero, tu condición de partido político con más respaldo en Andalucía está fuera de duda.

Juanma Moreno seguirá presidiendo la Junta, pero… esta vez tendrá que pasar por la ventanilla de Vox para ser investido. Haberse quedado a dos escaños de la absoluta otorgan a Vox, socio de referencia para el PP ya en todas partes, la llave que le permite hablar como si las elecciones las hubiera ganado él y como si el gobierno ya fuera suyo.

Gavira, el candidato de Vox, ya habló anoche como si él gobernara; lo hizo al calor de sus seguidores triunfantes que coreaban el prioridad nacional, es decir, el peaje, junto con el no más menas, que le harán pagar a Moreno para garantizarse cuatro años más. El último sorayista en pie, con permiso de Sémper, abrazando a la derecha extrema.

El último sorayista en pie, abrazando a la derecha extrema

Lo que no va a suceder

Perder una mayoría absoluta no es grato. Pedro Sánchez no sabe lo que es perderla porque nunca la ha tenido. Moreno sí; la ha tenido cuatro años; ahora se ha quedado en puertas y no le queda otra que negociar los apoyos. En ningún lugar está escrito que tenga que ir a pedírselos a Vox, ni que el precio haya de ser formar parte del gobierno. Pero los precedentes enseñan que, en efecto, justo eso y solo eso es lo que va a suceder. Que aunque sobre el papel existan otras opciones, todos los partidos presentes en el Parlamento andaluz van a actuar como si sólo existiera ésa.

La polarización no se combate proclamando lo nociva que es. La polarización se combate con acciones para que los muros se agrieten. Actuar contra la polarización sería que hoy Moreno le pidiera a la izquierda andaluza -no a Vox- que facilitara su investidura a cambio del compromiso de gestionar la sanidad conforme a criterios convenidos en un pacto transversal.

Actuar contra la polarización sería que la izquierda andaluza, que dice querer políticas lo menos de derechas posible para los andaluces, se abriera a hacer presidente a Moreno para impedir que sus políticas acaben siendo aún más de derechas. Por supuesto que ni una cosa ni la otra van a suceder.

Se predica contra la polarización a la vez que se practica. Como ocurre en muchas tertulias, se predica contra la polarización mientras se la alimenta. Sería rompedor que María Jesús Montero ofreciera dos síes en la investidura si Moreno acepta la financiación singular y la condonación de la deuda.

Se ha pasado dos semanas proclamando lo beneficiosas que son ambas para los andaluces. Que Moreno, en lugar de tragar con la prioridad nacional tuviera que tragar con la financiación singular. Firma aquí y te investimos. Por supuesto, no ocurrirá. Incluso si Montero diera esa campanada, Moreno declinaría porque no se puede andar pasteleando con el sanchismo, doctrina de Génova.

Lo que sucederá es que los bloques se reafirmarán a sí mismos. Y que Juanma Moreno aplicará el libro de instrucciones que editó la dirección del PP para resultados electorales como el suyo. En ausencia de mayoría absoluta, y si te da la suma con Vox, el libro de instrucciones dice que tienes que presentar como hecho incontrovertible que hay un mandato popular para que compartas tu gobierno con los de Abascal, y que el reparto del poder debe hacerse en proporción al resultado obtenido por cada uno.

A Vox le corresponderá una consejería por cada tres y media del PP. Dos por cada siete, que tampoco se trata de partir por la mitad a un consejero. Negociar cualquier otra cosa sería repudiar la doctrina de su propio partido y cuestionar el acierto de haber hecho eso, justo eso, repartirse sillones, en Extremadura y en Aragón.

Paradojas del éxito de la izquierda

La sorpresa de la noche fue Adelante Andalucía, que se atribuye, con razón, haber dejado al PP sin mayoría absoluta aunque sea a costa de que ahora gobierne un poco Vox y las políticas del gobierno autonómico sean aún más conservadoras. Paradojas del éxito en la izquierda.

El fracaso inapelable, clamoroso, imposible de maquillar, es el del PSOE. El drama socialista andaluz sin remedio a la vista. Cuando en lugar de suelo electoral lo que tocas es sótano, tienes 28 diputados de 109 y tu adversario te saca veinticinco, ya puedes hacer contorsionismo argumental y sacar a tus portavoces a disimular lo ocurrido que lo único que estás haciendo es el ridículo. Hay que agradecerle a María Jesús Montero, otro árbol caído del sanchismo, que se abstuviera de recurrir anoche a cataplasmas y excusas de mala pagadora.

El drama socialista andaluz sin remedio a la vista

Se sometió al veredicto de los andaluces qué modelo de gestión prefieren, el de derechas o el de izquierdas, y han preferido claramente el primero. Lo suyo sería preguntarse ahora el porqué. Pero no sucederá. Sánchez, el amo que hace campaña pero luego se evapora, ya ha escrito un tuit celebrando la campaña de su candidata -campañón, según la docta opinión de la interesada- y celebrando su defensa de los servicios públicos. 22% del voto y dos escaños menos.

Fue el PSOE quien dijo que Andalucía eran palabras mayores. Lo dijo cuando perdió en Aragón y en Castilla y León y en Extremadura. Andalucía era otra cosa. Andalucía sí era un termómetro. Por su peso en población, por su peso político, porque María Jesús Montero es la primera de las apóstoles de San Pedro, porque sigue siendo la número dos del partido.

Si Andalucía eran palabras mayores, el secretario general del partido debería haber obrado anoche en consecuencia y asumir él el revés que le han dado los andaluces. Aún tiene tiempo para hacerlo hoy. Sin tuits y aceptando preguntas de la prensa. No sucederá. Se desentendió de la derrota extremeña, se desentendió de la derrota aragonesa y se desentenderá de la derrota andaluza.