ENTREVISTAS EN LA BRÚJULA

Miguel Ángel Quintanilla: "El PP debe evitar que España elija entre ruptura por la izquierda o ruptura por la derecha"

El diputado del Partido Popular y autor de 'Contra la ruptura. Por qué el centro debe volver a liderar España', defiende en La Brújula con Rafa Latorre que la tarea histórica del PP es reconstruir el espacio central de la política española y frenar un "bloque de ruptura" formado, a su juicio, por el PSOE, los nacionalistas y Vox.

ondacero.es

Madrid |

Rafa Latorre presenta a Miguel Ángel Quintanilla como uno de los cerebros más influyentes del Partido Popular, pero también como un diputado que escribe y habla "muy libremente", algo poco frecuente en la política actual.

En su libro "Contra la ruptura", el parlamentario popular sostiene que lo que aparta hoy al PP del Gobierno no es Pedro Sánchez, "a quien ya ha derrotado", sino Vox, cuyo crecimiento y estrategia sitúa en el corazón del problema de la derecha española. Frente a los análisis tradicionales sobre el choque entre izquierda y derecha, Quintanilla propone otra lectura: la verdadera línea de conflicto discurre entre ruptura y reforma, entre quienes buscan tensionar la Constitución del 78 y quienes pretenden reforzarla.

El centro político, lejos de ser anacrónico

Interrogado por Latorre sobre si apelar al centro es hoy casi un anacronismo, Quintanilla responde que el centro "está, pero está descentrado", y que sigue siendo una referencia fundamental para hacer política en España. Rechaza la caricatura del centrista como alguien sin convicciones y se define a sí mismo como "liberal, conservador, católico" y, al mismo tiempo, centrista, convencido de que se puede tener principios muy firmes y, a la vez, buscar acuerdos con quienes piensan distinto.

Para el diputado, el centro no es una identidad ideológica sino un modo de estar en política: no darse la espalda con el que discrepa, sino intentar comprenderlo y llegar a pactos. Esa actitud, sostiene, es la única que permite sostener un proyecto de convivencia constitucional capaz de integrar a una sociedad plural.

Del bloque izquierda/derecha al bloque de ruptura

El libro propone cambiar el eje del análisis: más que hablar de dos bloques clásicos —izquierda y derecha—, Quintanilla habla de un "bloque de ruptura" frente a un "espacio" reformista que no debería comportarse como un bloque. En ese bloque rupturista sitúa al PSOE actual, a los nacionalistas y a Vox, no por compartir programa, sino por compartir, según él, una cierta aversión común a los valores liberales.

Quintanilla vincula este bloque con ataques sucesivos al artículo 2 de la Constitución: primero a la unidad de España con el "empuje rupturista" del procés; ahora, con un modelo de financiación que ve "claramente agresivo" con la solidaridad; y, en paralelo, con el intento de Vox de vaciar desde dentro el modelo autonómico. A su juicio, el resultado es "un bloque de ruptura del artículo 2 en sus tres términos: unidad, solidaridad y autonomía".

La ruta Feijóo y la misión histórica del PP

Quintanilla explica que ha escrito "Contra la ruptura" para apoyar las decisiones fundamentales del último congreso extraordinario del PP y para advertir de los obstáculos que pueden dificultar su aplicación. Recuerda que Alberto Núñez Feijóo ha arraigado al partido en la "centralidad" liberal, conservadora y democristiana, rechazando la "radicalización populista" y proponiendo una "ruta Feijóo": Constitución, convivencia, Europa, autonomías y reformas.

Desde esa perspectiva, sostiene que el PP tiene hoy una "responsabilidad histórica de las históricas de verdad": evitar que en las próximas elecciones los españoles tengan que escoger entre ruptura por la izquierda o ruptura por la derecha, y mantener abierta una alternativa de Constitución y convivencia. Esa misión, asegura, "pone límites muy claros" a las relaciones con otros partidos y debe estar por encima de cualquier cálculo táctico.

Vox, las facturas pendientes y el riesgo de la "alerta antifascista"

Preguntado por la relación con Vox, Quintanilla rechaza tanto los cordones sanitarios como las coaliciones automáticas y pide "otro tipo de relación" que marque fronteras políticas claras. No da por hecho un gobierno conjunto y se muestra convencido de que existe "una enorme mayoría social que no quiere ruptura", tarea que atribuye a Feijóo: transformar esa mayoría social en mayoría electoral.

Advierte de que si la derecha se organiza en términos de "bloque de ruptura por la derecha" frente a un "bloque de ruptura por la izquierda", puede repetirse un fenómeno que ya se ha visto en España: "la alerta antifascista puede volver a derrotar a la alerta antisanchista". Recuerda que en las últimas elecciones "los españoles querían a Feijóo, pero lo querían solo" y que la percepción de un eventual gobierno con Vox pudo retraer votos al PP y movilizar voto hacia el PSOE.

"Vox está intentando destruir al Partido Popular"

El diputado popular afirma que una parte de su propio partido y de los medios aún no ha interiorizado la naturaleza de Vox ni su estrategia, lo que ha dejado al PP "con la guardia baja". Sostiene que muchas personas en el PP no podían creerse que "realmente Vox estuviera intentando destruir al Partido Popular", lo que ha permitido a la formación de Santiago Abascal ocupar espacios y evitar pagar "facturas" políticas.

Como ejemplo, cita el papel de Vox en la votación que permitió a Sánchez controlar personalmente los fondos europeos en 2021, decisión que califica de "próxima a la catástrofe" e "inútil para España", y subraya que "no habría sido posible sin el voto de Vox". A su juicio, el PP no ha explicado lo suficiente episodios como este y debe librar una batalla política e intelectual más clara para mostrar las consecuencias de la estrategia de Vox sobre la derecha y sobre el país.

Un partido ancla frente a las olas

Quintanilla cuestiona la idea de una "ola imparable" de Vox y la relativiza con datos: en Extremadura, recuerda, el supuesto salto entre autonómicas solo oculta que, si se toma como referencia el resultado de las generales intermedias, el crecimiento real posterior es de apenas unos miles de votos. "Eso no es una ola, eso es un estancamiento", concluye, insistiendo en que las olas "suben y bajan muy rápidamente", como ya se ha visto en otros países europeos.

Ante episodios como el bloqueo en Extremadura, advierte de que el castigo al "voto inútil" en repetición electoral dependerá de "lo que hagamos y de cómo contemos lo que está ocurriendo". Reivindica al PP como "partido ancla del constitucionalismo español", que no puede moverse de su sitio precisamente cuando el oleaje es más fuerte y al que le corresponde defender, por encima de todo, la opción "Constitución" frente a la "ruptura".

Coaliciones, límites y preguntas incómodas a Vox

Latorre le pregunta si, en la práctica, eso significa renunciar a coaliciones con Vox, y Quintanilla responde que lo esencial es conocer bien "que es un partido que quiere, básicamente, la Constitución al revés". Recuerda que los pactos constitucionales se construyeron sobre Corona, Europa, pluralismo y autonomía, y contrapone ese armazón al programa de Vox, que ve "antiliberal" y "contradictorio" con el del PP.

Defiende que al partido de Abascal hay que hacerle "una serie de preguntas directamente" y "ante su electorado", al que afirma respetar y comprender, también por los errores propios del PP que aborda en el libro. Entre esas preguntas, plantea si Vox se dispone a "ponerse a las órdenes de la derechita cobarde" después de haber definido así al PP, y si su estrategia supone negociar con el PSOE "con diez años y cuatro meses de retraso", lo que obligaría a explicar a sus votantes si han mentido sobre la naturaleza de su socio.

El PP, ante el riesgo de desconocerse a sí mismo

En "Contra la ruptura", Quintanilla dice preocuparse por dos cosas: que el PP no conoce su propia historia y que no conoce la naturaleza de Vox. En la entrevista insiste en que ese doble desconocimiento lastra la capacidad del partido para aplicar las conclusiones de su último congreso: "es como ir en bicicleta con 200 kilos de carga sin saberlo" y preguntarse por qué cuesta tanto subir las cuestas o tomar las curvas.

Recuerda que el PP llegó a perder en poco tiempo el 60% de sus votos y el 65% de sus escaños, una sangría que no puede atribuirse solo a la competencia con el PSOE. Sitúa el origen del problema en el entorno del Congreso de Valencia, cuando, tras unas elecciones de 2008 que el PP pierde "con más de diez millones de votos", el partido no supo valorar la solidez de esa base electoral y tomó decisiones que facilitaron la ruptura de su propio espacio.

Política exterior, Trump y la "sosería" de un partido de Estado

En el tramo final de la conversación, Latorre interroga a Quintanilla sobre si el PP zozobra en cuestiones internacionales como la guerra en Oriente Medio o la relación con Donald Trump, o si su postura es subsidiaria de lo que hagan Vox o Sánchez. Quintanilla responde que Feijóo juega con la desventaja de respetar reglas que otros no respetan: "no le vale cualquier cosa para ganar ni para llegar" y eso lo obliga a una posición "más sosa, como son sosas las cosas de Estado".

Aun así, sostiene que el PP ha sido claro en lo esencial: "hay que estar con los aliados", "hay que ser más transparente con la opinión pública" y, una vez iniciada la guerra, "no te puede dar igual quién la gana, aunque no estés de acuerdo con ella".

Sobre Trump, admite que no es sencillo fijar una posición "cuando su postura cambia cada 30 minutos entre un insulto a España y otra cosa distinta", y vuelve a reivindicar el anclaje internacional clásico del PP: Europa, vínculo atlántico y unas relaciones exteriores ordenadas y compartidas hasta hace muy poco por el PSOE.