ENTREVISTAS EN LA BRÚJULA

"La madera aparece sin estar enterrada y su deterioro es muy acelerado": el reto de la arqueología submarina en el Estrecho de Gibraltar, según Felipe Cerezo

El investigador de la Universidad de Cádiz, coordinador del Proyecto Heracles, explica a Rafa Latorre cómo el cambio climático y la actividad industrial están desenterrando yacimientos arqueológicos sumergidos en la bahía de Algeciras, algunos a apenas unos metros de profundidad.

ondacero.es

Madrid |

En ″La Brújula″, Rafa Latorre entrevistó a Felipe Cerezo Andreo, investigador de la Universidad de Cádiz y uno de los líderes del proyecto Heracles, que ha identificado 151 nuevos yacimientos arqueológicos subacuáticos y documentado en detalle 34 pecios en la bahía de Algeciras. Sus hallazgos permiten reconstruir 25 siglos de historia marítima entre el Mediterráneo y el Atlántico.

La conversación repasó desde el entusiasmo por descubrir piezas de esta historia "invisible" hasta los riesgos que ahora amenazan esos restos bajo el mar.

"El fondo del Estrecho es un archivo marítimo de 2500 años"

Felipe Cerezo definió el Estrecho de Gibraltar y la bahía de Algeciras como un "núcleo de la actividad marítima desde siempre". "Es tremendamente emocionante poder localizar esa gran cantidad de patrimonio que se encuentra bajo el agua y, sobre todo, que nos permite conocer la historia marítima del Estrecho y, por consiguiente, de buena parte del país", señaló.

Recordó que, a lo largo de la historia, todas las civilizaciones que han navegado entre el Mediterráneo y el Atlántico han tenido que pasar por esta zona de comunicación entre Europa y África, y que la propia bahía ha funcionado como puerto de pivotaje sin interrupción hasta el presente.

"Aparecen a dos o tres metros de profundidad"

Uno de los datos más llamativos que compartió Cerezo es que muchos de estos yacimientos están a muy poca profundidad. "La gran mayoría están a menos de diez metros, incluso a dos o tres metros de profundidad", explicó.

Describió que, en muchos casos, estos restos llevaban décadas o siglos cubiertos por arena: "No se conocían antes porque simplemente estaban enterrados, y ahora se van desenterrando progresivamente".

Alertó, no obstante, de que este descubrimiento es también una amenaza: "La madera arqueológica conservada bajo la arena está bien protegida; una vez que queda expuesta al medio acuático, su deterioro es muy acelerado y eso es un riesgo para un patrimonio que es ya de por sí escaso y complejo de localizar".

"El cambio climático y la industria desenterraron el patrimonio"

A la pregunta de Rafa Latorre sobre qué está provocando ese desenterramiento, el investigador señaló varios factores.

"El primer problema es un déficit de aporte sedimentario", detalló. Los ríos han sido encauzados, presas y regulados para evitar avenidas, con lo que ya no llega el mismo caudal de sedimentos a playas como La Vía Algeciras, el Rinconcillo o Puente Mayorga.

A eso se suma el impacto de la actividad industrial y portuaria: "La construcción de muelles, refinerías, puertos y diques modernos está alterando la circulación natural de los sedimentos, que se quedan atrapados en las estructuras. Como consecuencia, esos diques no devuelven el sedimento a la arena submarina, y los yacimientos se van desenterrando poco a poco".

"Buena parte de los hallazgos los conoce ya el buceo de la zona"

El investigador explicó que, en muchos casos, el primer contacto con estos pecios ha llegado a través de buceadores aficionados "muy sensibilizados con la protección del patrimonio", que han detectado restos en muy poca profundidad.

"Buena parte de estos yacimientos los conocemos porque nos han llevado buceadores de la zona", admitió. Puso como ejemplo a Félix Rodríguez Lloret, un buceador de la zona fallecido el año pasado, a quien definió como “un auténtico pionero de la protección del patrimonio cultural subacuático en la Vega, Algeciras”.

Sin embargo, subrayó que antes del proyecto Heracles casi ninguno de estos yacimientos estaba documentado profesionalmente: "Algunos eran conocidos por los buceadores, pero nunca se habían fotografiado ni analizado su cronología o su contexto cultural. Como si no existieran para la investigación arqueológica".

"No es el barco de Tintín, sino restos muy fragmentados"

Rafa Latorre preguntó por la dificultad de trabajar sobre pecios tan erosionados por el tiempo y la sal; el investigador fue muy claro. "Tenemos que desilusionar, porque la conservación del patrimonio en el medio subacuático es bastante deficiente cuando no está enterrado".

Explicó que la madera es devorada por fauna marina y flora, y que apenas se conserva la parte inferior de la embarcación: "A veces solo queda la obra viva, la parte que navega bajo el agua, e incluso en ocasiones solo una tira de lastre, con muy pocos materiales".

"Notamos que muchas de estas naves naufragaron en muy poca profundidad, por lo que fue fácil recuperar la carga después del accidente", añadió. "No se quedaron bodegas llenas en el fondo del mar, sino que se aprovechó el material, lo que hace que ahora tengamos poca evidencia física que reconstruir".

"El reto está en juntar pequeñas piezas del puzzle"

Pese a la fragmentación material, Cerezo insistió en lo valioso del trabajo: "El reto para nosotros es, a partir de evidencias muy reducidas, acabar identificando lo básico: la cronología, el tipo de embarcación y el contexto cultural al que pertenece".

Client Challenge

Destacó que, en el marco del proyecto Heracles, el equipo está combinando técnicas geofísicas, documentación digital y el conocimiento de buceadores locales para cartografiar estos 34 pecios y los 151 yacimientos restantes entre el siglo V antes de Cristo y el siglo XX.